La tarde del 19 de septiembre del presente año, Edgar Estrada Chino, escuchó la emergencia, fue reportado un robo a transporte público muy cerca de su sector, la colonia Centro en la Alcaldía Cuauhtémoc, los asaltantes huían en motocicleta. Inmediatamente, Edgar junto con otros 5 compañeros corrieron hacia la calle Jesús María, y una vez allí, observaron acercarse una moto a toda velocidad. Entre todos improvisaron una “valla” humana para tratar de detener el avance de la motocicleta, pero fue en vano, ya que el conductor aceleró y estuvo a punto de embestirlos a todos.

La tarde del 19 de septiembre del presente año, Edgar Estrada Chino, escuchó la emergencia, fue reportado un robo a transporte público muy cerca de su sector, la colonia Centro en la Alcaldía Cuauhtémoc, los asaltantes huían en motocicleta. Inmediatamente, Edgar junto con otros 5 compañeros corrieron hacia la calle Jesús María, y una vez allí, observaron acercarse una moto a toda velocidad. Entre todos improvisaron una “valla” humana para tratar de detener el avance de la motocicleta, pero fue en vano, ya que el conductor aceleró y estuvo a punto de embestirlos a todos. 

Durante el intento de escape, el sujeto que iba atrás en la motocicleta saltó de ella para continuar huyendo a pie, pero Edgar nunca lo perdió de vista y siguió corriendo tras él.

Aunque el asaltante le había sacado varios de metros de ventaja, Edgar nunca cesó en su empeño por detenerlo, aunque confiesa que en algún momento pensó: “Ya me ganó, ya se me fue”, sin embargo, comenta que siempre se mantuvo enfocado en su deber y que cuando el sujeto se metió a una vecindad lo único que pensó fue: “Te saco porque te saco”. 

Dentro de la vecindad la persecución se reanudó, el sujeto comenzó a subir escaleras y a correr por los techos mientras Edgar hacía lo mismo y le pisaba los talones, “parecía de película” recuerda con emoción: “No pensaba en el cansancio, hay que echarle para adelante, el cansancio queda atrás” añade.

Una vez llegaron a la azotea y al verse acorralado, el ladrón aventó la mochila que acababa de robar, en un intento por distraer a Edgar, pero éste, mantuvo su mirada fija a las manos para cerciorarse de que no portara armas: “Uno no debe confiarse nunca, la confianza nos puede matar, un descuido puede ser el último” agrega orgulloso de su actuación. 

Acatando los protocolos le indicó al sujeto que pusiera la rodilla al piso para esposarlo y éste ya no opuso resistencia. En una mano la mochila y en la otra el delincuente. Rápidamente salió de la vecindad. 

Al llegar al Ministerio Público, Edgar, sin saber el contenido de la mochila, hizo entrega de la misma al afectado, un señor de aproximadamente 65 años, quien al verla suspiró de alivio, pues en ella había 60 mil pesos. “El señor ni se la creía, y estaba agradecidísimo” dice Edgar satisfecho por su labor, y agrega: “Es mi trabajo, las recompensas llegan solas, prefiero tener poco y que me rinda y no mucho y que se me acabe”. 

Originario de Tierra Caliente, Estado de México, Edgar vino a la ciudad de México en busca de mejores oportunidades de empleo y mejores condiciones de vida, y aunque al principio quería ser militar, finalmente su vocación policial fue la que triunfó: “Es un peligro siempre, desgraciadamente la gente no valora el trabajo que hacemos” comenta. 

Y así concluye: “Estamos expuestos día con día pero en este trabajo no debes tener miedo, yo me encomiendo a Dios y que pase lo que tenga que pasar”.