Gilda Córdoba Quiroz y Jesús Salgado Rosas pertenecen a la Policía Auxiliar, llevan más de veinte años trabajando juntos y dicen que han vivido experiencias de todo tipo, pero la experiencia del pasado 20 de septiembre de este año, sin duda ha sido una de las más memorables. “Nuestra labor es una tarea difícil” concuerdan ambos. 

Gilda Córdoba Quiroz y Jesús Salgado Rosas pertenecen a la Policía Auxiliar, llevan más de veinte años trabajando juntos y dicen que han vivido experiencias de todo tipo, pero la experiencia del pasado 20 de septiembre de este año, sin duda ha sido una de las más memorables. “Nuestra labor es una tarea difícil” concuerdan ambos. 

El día del incidente, ambos estaban haciendo su recorrido a pie, cuando metros más adelante, observaron a dos personas que intercambiaban unas bolsas negras. Sigilosos, Gilda y Jesús caminaron detrás de los sujetos sin perderlos de vista, ambas personas, al sentir la presencia policial, se pusieron nerviosos y tiraron al piso una de las bolsas, es en ese momento cuando los uniformados les piden que se detengan, y los sujetos, en una actitud que les pareció inusual a ambos policías, cooperan plenamente.

“Fue de lo más extraño, por lo regular siempre corren o tratan de agredirnos, y nos preocupó que en algún momento nos pudieran hacer daño” menciona Gilda, y continúa: “Teníamos algo de miedo, no sabíamos lo que nos podía pasar, a pesar de los años que llevamos juntos, jamás habíamos pasado por algo similar”.

Jesús también comenta que es la primera vez que les toca un caso así, pues nunca habían detenido a nadie por posesión de droga. En total les encontraron 10 bolsitas con mariguana.

Gilda creció en un ambiente familiar muy cálido, comenta que desde niña siempre quiso ser policía, ya que ella admira mucho a su padre, y que al verlo de uniforme pensaba: “Cuando crezca quiero ser como él”, razón por la cual, está muy orgullosa de pertenecer al cuerpo de la Policía Auxiliar. 

Jesús menciona que de niño, también tenía la inquietud de ser policía, y al cumplir los 18 años, por fin consiguió su objetivo: “Fue un camino duro, ya tengo 20 años de servicio dentro la institución y no podría sentirme más feliz de pertenecer a la Policía Auxiliar”. Su hijo, de 19 años, mira orgulloso cómo su padre porte el uniforme.

Tanto Gilda, como Jesús, están de acuerdo en una cosa: ser policía no es una tarea sencilla, sin embargo, lo hacen por amor al trabajo, no importa si es de día o de noche: “Estamos al servicio de la ciudadanía” concluyen.