Es jovencísima pero no frágil, menos en su uniforme negro, operativo, incluyendo chaleco antibalas. Tiene 21 años cumplidos.

Es jovencísima pero no frágil, menos en su uniforme negro, operativo, incluyendo chaleco antibalas.  Tiene 21 años cumplidos.

Dice que “el miedo se hizo para las personas débiles, por eso yo no siento miedo”.  Sin embargo, cuando se enfrenta, en operativos, a delincuentes su principal problema es que los hombres piensan que “porque soy mujer no voy a responder”.  Y no es así, la oficial Rodríguez Martínez conoce muy bien los protocolos al respecto.

“Creen que si te agreden te van a vencer, no es así, yo sé usar fuerza física… me han pegado también” asegura.  Lleva la boca pintada de un color fuerte, como expresión de su feminidad.  Tal vez la única concesión.

Afirma ser un orgullo para su familia, y sobre todo para su padre que es, según Miriam: “el amor de mi vida”.   Por su padre, policía, le llamó la atención la profesión, aunque acepta que era muy duro no verlo, que se la “pasara fuera todo el tiempo”… Incluso parecía que los tenía al margen, dice, pero con el tiempo fue entendiendo el trabajo de policía y quiso emularlo.

Su hermano, un año mayor, también es policía.

Afirma que siendo policía “mi papá nos sacó adelante, vivíamos muy humilde”. También asegura que lo que más le gusta es como se caracteriza un policía, distinto de los normales y los civiles. Me platica que los policías: “Tenemos diferentes cualidades al ponernos el uniforme”.

Ella eligió el operativo porque quiere conocer, aprender diferentes temas cada día.  Quiere seguir, estudiar, crecer dentro de la Policía de la Ciudad de México porque, hace hincapié: “Nunca voy a dejar de ser policía”.