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ERUM

El Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM), cuenta  con un estado de fuerza de personal de más de 400 elementos divididos en tres turnos, que atienden con prontitud y profesionalismo un promedio de 300 llamadas de emergencias diarias. Equipados con 32 ambulancias, 7 unidades especiales de rescate, 15 motocicletas y 25 bicicletas para una rápida atención, distribuidas en zonas de acceso limitado para ambulancias. Sin importar la hora, los y las valerosas personas que integran el ERUM, día con día solventan las necesidades médicas que la ciudadanía requiere.

“¿Por qué no ingresas a la Cruz Roja?” Esa fue la pregunta que su novia le hizo a un joven Ángel Hernández Pérez, quien a sus 19 años terminó la preparatoria e ingresó a su primer trabajo de camillero en el Hospital Londres. Sin duda, recuerda Ángel, esa fue la interrogante que cambiaría su vida para siempre. 

Tiempo después, la pregunta se convirtió en afirmación. Logró ingresar a la Cruz Roja durante 7 meses, y posteriormente, consiguió ingresar al Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas por sugerencia de compañeros y apoyo de sus familiares. 

Ángel comenta que uno de los eventos que marcó su vida dentro del Escuadrón, fue la explosión del edificio de Pemex ocurrida en enero de 2013. 

Luego de recibir por radio el reporte sobre la explosión, de inmediato se dirigió a la base para recoger a más personal y poder brindar apoyo en el área del siniestro. Ya en el lugar de la emergencia, había gente trabajando entre los escombros, y Ángel recuerda que él y sus compañeros se enfocaron en otorgar las primeras atenciones médicas en el área de espera asignada, bajando su camilla y esperando a los heridos. Impactados por la magnitud del evento, permanecieron atentos ayudando a los lesionados. 

Recuerda Ángel que al recibir a una paciente herida, escuchó cómo los rescatistas comentaron entre ellos “ya no está respirando”, fue un momento de preocupación y recuerda asombrado: “Me impactó mucho ver cómo la pierna de la paciente estaba atravesada por una madera, fue muy angustiante, pero en eso me di cuenta de que parpadeó, y ahí pude comprobar que seguía con vida”. Rápidamente la llevaron al helicóptero para que llegara al hospital, donde se encargaron de brindarle la atención necesaria. 

A pesar de las situaciones difíciles por las que ha pasado, Ángel disfruta mucho lo que hace, a sus 28 años de edad y con 6 de servicio en el ERUM está capacitado en Atención Médica Prehospitalaria, es Técnico en Urgencias Médicas, en Buceo de Rescate, entre otros cursos y actualizaciones. Definitivamente le gusta mucho su trabajo.

“Para mí el ERUM es lo mejor, tengo bien puesta la camiseta y amo ayudar a la gente”, concluye Ángel. 


Mujeres y hombres comprometidos con su labor, que día a día responden al llamado de diversas emergencias, donde la activación de sus servicios, el tiempo de respuesta y su eficiencia al actuar, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Son situaciones que viven los integrantes del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) de la Ciudad de México.

Del 26 al 28 de septiembre de este año, se llevó a cabo el “Quinto Ejercicio Nacional para Grupos Unit of Search And Rescue” (USAR, por sus siglas en inglés),  en Melaque, Jalisco, al cual, acudieron varios grupos de emergencias de diferentes Instituciones como Protección Civil, Policía Federal, Secretaría de Marina, Secretaría de la Defensa Nacional, Bomberos y por supuesto el ERUM de la Ciudad de México. 

El objetivo principal del ejercicio es fomentar una adecuada coordinación entre los grupos, para poder otorgar una respuesta rápida y eficiente a la ciudadanía en caso de cualquier emergencia o desastre natural. Puede durar de 2 hasta 5 días, dependiendo de la capacidad de cada institución para trabajar coordinados como equipo. Durante esos días, se realizan simulacros de salvamento y se procura rescatar al mayor número de personas con vida. 

El ejercicio está estructurado en tres etapas. La primera: ACTIVACIÓN. Les dan a conocer el “desastre” que enfrentarán (en este caso, un simulacro de sismo de 7.5 grados en la escala de Richter, y el colapso del Hotel Melaque con varias personas atrapadas.)

La segunda etapa: MOVILIZACIÓN. En ella se desarrolla la logística necesaria y se les proporcionan los medios para trasladarse, así como las herramientas indispensables para trabajar en el lugar del incidente. 

La tercera etapa: OPERACIONES. Se refiere a la coordinación y asignación de tareas, de cómo se va trabajar, delegar las actividades entre las células, los oficiales y los líderes. Una vez completadas las etapas, y ya todos organizados dentro del hotel, (el cual es un hotel en ruinas, perfecto para simular este tipo de situaciones), comienza el ejercicio.

Un total de 42 personas asistieron por parte del ERUM: 36 participantes y 6 evaluadores. 5 de los rescatistas que acudieron, compartieron parte de sus experiencias y opiniones acerca de este ejercicio.

Son jóvenes que forman parte de la misma generación, con 6 años dentro del ERUM, pero para 4 de ellos, éste es el primer ejercicio en el que participan, por lo que la experiencia les pareció muy enriquecedora: “A pesar de ser algo simulado, se toma en serio y con las debidas precauciones, hay que unificar criterios ante un desastre natural grande”, refiere Jessica Álvarez Trinidad de 28 años; por su parte, Maleni Ávila Escalona de 27 años comenta: “Sí le tomamos mucha importancia, íbamos con mucho entusiasmo y a ver que iba a pasar”.

Ángel Hernández Cruces, de 28 años, explica: “Todo esto implica una fuerza de tarea, un grupo USAR debe ser autosustentable, es decir, no debe depender de terceros”, y concuerda en que siempre debe tomarse con la seriedad debida. Con 26 años de edad, Cecilia Padilla Rodríguez opina: “Este tipo de ejercicios son importantes para tener una mejor coordinación en el caso de eventos reales, ya sabíamos a lo que íbamos, pero verlo en vivo fue otra cosa.”

Y por último, Josué Antonio Guerrero, a sus 29 años, es el que tiene mayor experiencia en estos simulacros, para él: “Este tipo de ejercicios te da la oportunidad de aprender, de ver las formas de trabajar e identificar las deficiencias y las áreas de oportunidad, y así tener un panorama más extenso de lo que podría suceder.”

Los integrantes del ERUM que acudieron a este Quinto Ejercicio Nacional, están de acuerdo que fue una experiencia muy “padre”, ya que adquirieron muchos conocimientos y les sirvió para unificar criterios durante una emergencia, y así, enfocarlos en la realidad.





Al comenzar el mes de septiembre de 2017, Cecilia Padilla nunca se imaginó que durante ese mes su vocación de servicio la haría pasar poco más de dos semanas fuera de casa. 

El 19 de septiembre de 2017, para ella, al igual que para miles de mexicanos, fue un día atípico. Cecilia recuerda que se encontraba trabajando como paramédico en el Estado de Puebla, cuando, sin previo aviso, comenzó a sentir que el piso se movía. Su primer pensamiento fue su familia que se encontraba en la Ciudad de México, aunque afortunadamente pudo contactar con ellos al momento y confirmar que estaban bien; ya con esa tranquilidad, se trasladó de inmediato a su área de trabajo, las instalaciones del ERUM, ubicado en la calle Tlaxcoaque, donde fue asignada en una célula de un edificio que se derrumbó en la calle de Chimalpopoca y se dedicó a atender a personas con crisis nerviosa, la mayoría costureras que allí laboraban. 

Cecilia menciona, con un aire de melancolía y a la vez de satisfacción, que durante 16 días no le fue posible acudir a su casa, debido a que tanto ella como sus demás compañeros, estuvieron laborando día y noche, brindando atención a las víctimas del sismo.

Al preguntarle sobre su formación profesional, Cecilia responde animada que es Técnico en Urgencias Básicas, curso que tomó en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), posteriormente ingresó al Instituto Técnico de Formación Policial, y ahí encontró la que se convertiría en su vocación de toda la vida: la convocatoria para ingresar al ERUM, iniciando así, su carrera como rescatista, la cual lleva, orgullosamente, desde hace 6 años. 

Por último, y sin dejar de sonreír, comenta que: “Ser parte del ERUM, es lo máximo, es una experiencia muy padre, no la cambiaría por nada porque me gusta aprender, y me representa una gran oportunidad de ayudar a las personas, me genera una sensación de felicidad, aunque representa una gran responsabilidad, me ha traído grandes satisfacciones”.

El día del sismo del 19 de septiembre de 2017, apenas pasadas las 13 horas, Blanca se encontraba laborando en la explanada del Zócalo de la Ciudad de México, realizando recorridos a bordo de una bicicleta. Cuando, de repente, todo a su alrededor comenzó a moverse, la gente corría asustada  por todos lados tratando de buscar un sitio seguro, los autos paraban su marcha, y ella, asombrada y sin poder hacer nada, veía cómo los edificios se movían de un lado para otro. 

Comenta que, gracias a los conocimientos adquiridos en el ERUM, y junto con un compañero, establecieron zonas de seguridad para prestar las asistencias médicas correspondientes a la gente de su alrededor, que en su gran mayoría eran por crisis nerviosas.

El primer pensamiento que pasó por su mente, fue su familia, por lo que los nervios la invadieron, dichos nervios se incrementaron al no poder contactar con ningún familiar, debido al corte de internet y telefonía. Finalmente, y después de varios intentos fallidos de comunicación, al fin logró saber de ellos mediante mensajería instantánea. Aliviada, supo que su familia se encontraba en un lugar seguro y a salvo, por lo que, pudo dedicarse en cuerpo y alma a prestar el auxilio a la ciudadanía.

Mujer paramédico perteneciente al ERUM, su labor consiste en salvar vidas mediante atenciones médicas inmediatas en la vía pública y domicilios particulares. Blanca está consciente de la enorme responsabilidad que representa formar parte de esa noble institución, y ella misma lo define en una muy atinada frase: “El saber que en mis manos puede estar la diferencia entre la vida y la muerte”.

Blanca Estela Pérez, estudió una carrera técnica en rescate Urbano. “La mayor satisfacción que me da mi trabajo es el recibir el agradecimiento de la gente que ayudo, el que te digan gracias a usted y a su labor de rescatista, mi familiar salvó su vida”, comenta contenta. Es madre de una hija de 12 años, la cual, tal vez en un futuro siga sus mismos pasos. 

Y concluye Blanca esbozando una sonrisa: “El saber que estoy en la profesión indicada en verdad cambia la vida y me fortalece día con día, desde muy pequeña tenía la inquietud de ayudar a la gente hasta que lo logré ingresando al ERUM”.

Aquel día, 19 de septiembre de 2017, Maleni se encontraba llegando a la base del ERUM después de un simulacro de sismo, de la nada, ella siente cómo se empieza a mover la tierra, y la gente, presa del pánico, comienza a correr en diferentes direcciones. Preocupada y nerviosa, piensa inmediatamente en su familia que vive en el Estado de México. Al no poderse comunicar con ellos, su preocupación aumentaba, aunque en el fondo, una corazonada, le indicaba que su familia se encontraba bien. 

A las 13:15 horas, momento en que el sismo inició su movimiento más fuerte, Maleni tuvo la opción de salir a buscar a sus familiares,pero,fiel a su vocación, decidió quedarse para auxiliar a la gente que lo necesitaba en esos momentos. Y fue así como se dispuso a realizar las labores de rescate para las que tanto se había preparado y entrenado en los simulacros.

En el ERUM, se conformaron varios equipos de auxilio a la ciudadanía, divididos en grupos de seis personas rescatistas y una ambulancia. La ambulancia que Maleni abordó, llegó rápidamente al Colegio Enrique Rebsamen para comenzar las maniobras de rescate correspondientes. Durante las labores de ayuda, lograron poner a mucha gente con vida a salvo y mediante la remoción de escombros, y un exhaustivo trabajo, lograron rescatar a cinco personas.

“Al mover las placas de concreto, encontramos cuatro cuerpecitos de niños pequeños junto a su maestra, yo creo que trataron de escapar bajando las escaleras y la maestra los llevaba de la mano, por eso estaban todos juntos”, recuerda Maleni con tristeza. 

También recuerda, que fue necesario ocupar equipo especial para poder levantar las placas de concreto que se habían apilado una tras otra y poder así sacar los cuerpos de las víctimas que el siniestro dejó ese día. 

A más de un año de aquel fatídico incidente, Maleni lo mira en retrospectiva y se siente contenta de pertenecer al cuerpo del ERUM y como reflexión final comenta: “Mi mayor satisfacción como mujer paramédica es el de recibir la gratitud de la gente que ayudo, el hecho de saber que por mi pronta reacción y conocimientos médicos he ayudado a que otra persona llegue con bien y regrese a su casa sano y salvo”.

Cuatro personas que trabajaban en el mantenimiento de la pintura de un edificio, quedaron suspendidos a 14 pisos de altura, debido a que el andamio tuvo una falla, pero en una oportuna respuesta, paramédicos especializados del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México (SSP-CDMX) llegaron y rescataron a dichas personas.

Al mediodía del 3 de julio, unos trabajadores realizaban el mantenimiento de un mural de un edificio ubicado en Paseo de la Reforma, transcurría todo en calma pero una falla mecánica en el andamio provocó que uno de los extremos se inclinará y deslizaran los trabajadores.Ellos reaccionaron y se sostuvieron del andamio dañado, de 14 pisos de altura; ciudadanos que pasan por el lugar observaron el hecho y de inmediato llamaron a los números de emergencia.

Ante esto el servicio de emergencias 911 activo los servicios de emergencia, entre ellos el ERUM, quienes al recibir el reporte se trasladaron al lugar, ya que el tiempo era muy valioso y así evitar una posible tragedia.

En cuestión de segundos los paramédicos llegaron al inmueble, observaron la situación y sin pensarlo subieron a la azotea del edificio, ahí valoraron como poder anclarse para descender y rescatar a las personas, este análisis lo realizaron en segundos ya que entre más pasaba el tiempo, mayor era el riesgo de que los trabajadores cayeran.

Debido a la gran capacitación que reciben los rescatistas, comenzaron las maniobras de descenso vertical, el cual consiste en descolgarse de una cuerda de seguridad y con arneses, conocido mundialmente como rapel.

Tras una estar en posición, descendieron 9 pisos hasta llegar con los trabajadores, en esos momentos para los paramédicos los más importante era ponerlos a salvo. Llegaron, hablaron y tranquilizaron a los hombres, posteriormente los sujetaron con arneses, ya seguros, ascendieron a la azotea del edificio y finalmente los pusieron a salvo.

Los paramédicos y rescatistas Carlos Hernández Colín, Eduardo Alejandro Villar Dimas y Antonio Edgar Martínez Pineda en todo momento acompañaron a los trabajadores, quienes les agradecieron por haberlos rescatado de un fatídico accidente

El día 12 de agosto paramédicos del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM), de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México (SSP-CDMX) brindaron auxilio a un menor, quien sufrió un accidente en las escaleras eléctricas de la estación Chabacano del conocido Metro.

Al medio día y entre el tumulto de gente una mamá y su hijo de tres años recorrían la estación Chabacano, y al descender por unas escaleras eléctricas el pie del menor quedó atrapado entre la pared de metal y los escalones, su madre al ver la escena comenzó a pedir auxilio.

Policías y personal del Metro llegaron al lugar, y al ver la gravedad de la situación solicitaron apoyo.

La base de radio del ERUM lanzó la emergencia de alta prioridad, además de dar indicaciones de llevar equipo de rescate, por lo que paramédicos cercanos a la zona con el equipo especializado se dirigieron a la estación.

Al llegar, observaron al menor atrapado y a la mamá angustiada, sin demora despejaron el lugar de curiosos montaron la herramienta y comenzaron a trabajar.

Después de unos minutos de arduo trabajo y cuidado, los rescatistas lograron crear un espacio, el necesario para que pudieran liberar el pie del pequeño.

Con éxito fue rescatado, recibió la atención prehospitalaria, y fue trasladado a un hospital donde le brindaron un diagnostico específico para descartar alguna herida de gravedad.

El gran trabajo de los paramédicos fue agradecido por la propia madre y por usuarios.

Durante el sismo del 19 de septiembre del año pasado, Valentina Viramontes estaba en la base del ERUM, ubicado en Tlaxcoaque. Ella, junto con otros compañeros, se encontraban descargando el equipo de las unidades que acababan de arribar del simulacro que se había realizado minutos antes en los diferentes puntos de la ciudad de México; de repente, la alerta sísmica se activó, de inmediato pensó en sus familiares, aunque sin demasiada preocupación, ya que recordó que ellos han sido capacitados en un plan de acción ante cualquier emergencia que se presente.  

Respecto a su experiencia durante el sismo comentó: “Lo que más me preocupaba era todo el trabajo que el siniestro iba a ocasionar en la ciudad y la falta de personal para atender las emergencias” también mencionó que, sí tuvo miedo, pues pensó en el sismo de 1985, donde algunos familiares vivieron la catástrofe, que ella había escuchado sus relatos y que ahora ella iba vivir sus propias experiencias del sismo actual. Además recordó que, hubo momentos de desesperación e incertidumbre pues a falta de telefonía y servicios de internet, tuvo que conseguir un radio, por el cual sus demás compañeros reportaban la caída de varios edificios.

Valentina refirió que existe una coordinación en la que cada uno de los integrantes del ERUM se desplaza a realizar actividades específicas. Por lo que, acatando dicha coordinación, ella y su jefe se trasladaron a las instalaciones del Tecnológico de Monterrey, ubicado al sur de la Ciudad de México, para ejecutar labores de rescate y remoción de escombros, lo cual les llevó toda la noche.

Durante los días posteriores, y a pesar del cansancio acumulado, continuó con su labor de ayuda, siendo, el derrumbe de un edificio situado en la calle Álvaro Obregón, una de las labores de salvamento que más recuerda, debido a que participó en el rescate de 28 personas con vida y 49 cadáveres, situación que dejó una huella profunda en ella. 

Para Valentina, este tipo de catástrofe no es la primera a la que se enfrenta, ya que ha estado presente en diferentes incidentes de gran magnitud como la explosión de la Torre de Pemex o la explosión de la pipa en el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, por mencionar algunas.

A pesar de la magnitud del siniestro, con una sonrisa, Valentina menciona que “Como servidor público estoy orgullosa de mi labor y de saber que no fallé, que durante esos 15 fatídicos días de septiembre, le di prioridad a mi trabajo día y noche pese a comer y dormir muy poco, tal evento me vino a confirmar mi vocación de servicio y me encuentro muy contenta en la profesión correcta”.    

Acerca de su formación profesional, Valentina comenta que es egresada de la UNAM, e ingresó al ERUM, a través  de una convocatoria con plaza administrativa hace 6 años, refiere que 10 años antes se desempeñó como voluntaria en la Cruz Roja y simultáneamente estudiaba la licenciatura de Cirujano dentista.

Por último, y sin dejar de sonreír, Valentina comenta: “El portar el uniforme es un orgullo y representa un área muy noble, me gusta mucho y es una gran responsabilidad ya que representa brindar ayuda a quien lo siga necesitando”.

“Yo le decía a la mamá que pujara, que hiciera un último esfuerzo”. Así lo recuerda Jessica Álvarez Trinidad, quien ha pertenecido al Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) durante los últimos 6 años, y dice que durante ese tiempo ha enfrentado emergencias de todo tipo, pero una de las más especiales, sin duda, fue la primera vez que atendió un parto en la vía pública.

Ella pertenece al área de Atención médica pre hospitalaria, por lo que, gran parte del tiempo lo pasa dentro de una ambulancia.

Dice que fue hace como 5 años, no recuerda bien la fecha. Aquella tarde recibieron una llamada de emergencia, se trataba de una mujer que requería atención médica pues estaba dando a luz en un taxi.

La escena con la que se encontró al llegar al lugar de los hechos fue desgarradora: el cuerpo de la bebé (era niña) ya había salido casi por completo, excepto por la cabeza, que se encontraba aprisionada aún dentro del cuerpo de la madre. “La mamá estaba desesperada, nos pedía que la ayudáramos”, recuerda Jessica.

Rápidamente llevaron a la madre a la ambulancia y una vez ahí, Jessica y otro compañero continuaron con el procedimiento para tratar de sacar con vida a la recién nacida, “la prioridad era la bebé”, menciona Jessica. Dice que ella y su compañero le decían a la mamá que pujara, que se tranquilizara, y finalmente, después de varios minutos de angustia, pudieron liberarla, reanimarla y trasladarla, junto con la madre, al hospital de Xoco. Al día de hoy, Jessica no sabe qué fue lo que pasó con la bebé.

“Cuando te dicen ‘labor de parto’ llegas con la adrenalina al mil, tú lo que quieres es que el bebé sobreviva” relata Jessica: “la mamá quedó muy cansada al final, estaba muy débil” agrega.

A sus 28 años, Jessica afirma sentirse plena trabajando en el ERUM. “Para mí es la mejor institución, me ha hecho conocer muchas cosas y personas, y sobre todo, madurar”, menciona orgullosa.

Haciendo el recuento de aquella experiencia, Jessica dice que sintió feo por la mamá, aunque ella cree en Dios y siente que Él hace las cosas por algo, pero al final del día: “No queda de otra más que lavar el equipo, lavar la ambulancia, y a seguirle, hay que salir a trabajar”.