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LA GENTE DEBE HABLAR BIEN DE LA POLICÍA…

                                                 Por Isabel Arvide

Para el secretario de seguridad pública de la Ciudad de México no hay tiempos correctos o incorrectos en su nombramiento, simplemente, resume: “Llegué”. Ante mi silencio, debe añadir: “Era algo que estaba pendiente”. Llegó con su uniforme de policía a cuestas. Los dos, el de gala, el de fajina. Con su chamarra para el frío que dice, en mayúsculas: Policía. Así se ve, así se siente, con su origen en la Marina-Armada de México. Con su paso por muchas otras responsabilidades, algunas muy lejanas al tema de seguridad. Collins dice que para estar en la oficina que ocupa, desde donde monitorea 18 horas diarias la Ciudad, “uno tiene que sentirse uniformado, orgulloso de ser policía, como yo lo estoy, tremendamente orgulloso, mi policía está haciendo un gran trabajo”.

Uno debe preguntar por qué ese orgullo: “Como niño yo, también, jugué a ser policía. A pertenecer a una policía protectora”. Y comienza con sus cifras, irrebatibles: “En dos meses hemos detenido, presentado ante el ministerio público a 8,443 personas. ¿Eso qué significa? Que hemos sacado de la calle a 8,443 individuos que estaban afectando la vida de los ciudadanos en los cinco rubros principales delictivos, así me ordenó el doctor Amieva. Estos son: Robo a cuentahabientes, robo a transeúntes, robo a casa-habitación, robo a negocios, robo en transporte público. Y también hemos avanzado mucho en las detenciones relacionadas con el narcomenudeo”.

Asegura que con el “poco tiempo que tenemos” están enfocando todos los esfuerzos de la Secretaría, de todos sus policías, en estos rubros. El titular de la SSP capitalina asegura que el problema del narcomenudeo también afecta mucho a los ciudadanos porque “provoca una variación urbana que genera violencia. Hay adictos que van a ir a robarle la medallita a la señora que sale al mercado…”. Dice que van, con todo, contra todos los “puestos de venta de droga” en la Ciudad de México.

Me habla, también, del gran número de personas presentadas ante los jueces por faltas administrativas, un promedio de 600 cada día, lo que equivale a una política de “Cero Tolerancia”. Además, en estos dos meses, han enviado al “corralón” a veinte mil motocicletas que, presume, son las que más utilizan los ladrones para asaltar en la Ciudad. “En ese ámbito traíamos una gran problemática”. Para Collins es habitual recorrer las calles de la Ciudad. Todas, incluyendo Tepito, donde la semana pasada llevó al Jefe de Gobierno, el doctor Ramón Amieva a “pasear” por la noche. Cree que “Tepito es un gran barrio, con cultura, olores, gente famosa, gente trabajadora… pero también hay gente del sistema delincuencial… pasaron de la venta de electrónicos a vender droga y armas”. Sin embargo, está convencido de que tiene remedio.

Todo parece tener remedio con la actuación de su policía y, también, si se cambian las leyes. Porque, afirma, “el sistema penal acusatorio pone a todo el mundo en la calle”. Y me da el ejemplo de la detención que hicieron de la hermana de “Betito”, uno de los líderes criminales de Tepito, con 300 gramos de cocaína, para que el juez la dejase en la calle porque era “consumo personal”. Refiere que todos los días da a conocer a la gente detenida que ha tenido ingresos ante el juez o a la cárcel antes, algunos hasta 16 veces. A lo dice necesario cambio de leyes, deben agregarse temas sociales y de gobierno, sobre todo por la presencia delincuencial de niños y, no olvidar, “igual mata la bala que dispara un niño de 12 años, que la disparada por alguien de 30 años”.

Sobre la presunta “corrupción” de la policía tiene respuestas muy rápidas: “Cuando estuvo aquí de subsecretario no hubo “entre”. Ahora tampoco lo hay. Se trata de que ningún policía pueda decir que manda dinero arriba, hoy ninguno lo hace.” Asegura que los policías han recuperado las ganas de trabajar, pregunto si esto es un cambio y me responde: “Es como debería de ser. Hoy está funcionando la policía, aunque todo trabajo es perfectible”.

Collins no piensa en que la policía deba cambiarse. Se asume “enemigo” de quienes quieren corren a todos los policías, afirma que cuando se ha hecho “hemos perdido buenos policías”. El prefiere “ver puntos estratégicos”, aunque acepta que también “hay malos policías” pero son excepción, son muy pocos. Ni hace, ni hará, ni opina a favor de ninguna “cacería de brujas”. Y resume: “No veo para atrás”. También dice que no puede pasarse el tiempo, poco tiempo que tiene, trabajando “hacía dentro”, porque la lucha verdadera, el reto, es “hacía fuera”.

Asegura no sentir ningún temor, ni siquiera por los eventos en Tepito donde, parecería disfrutar la manifestación que hicieron en su contra. “Quién no quiera ver fantasmas, que no vaya a los sanitarios de noche”. Puede oírse utópico, asegura, pero él está convencido de la defensa de la gente. Insiste en su vocación por el “bajo perfil” pero, también, en que la gente debe hablar bien de su policía: “Con lo que hemos hecho, con los detenidos que llevamos, si fuera Puebla, si la Ciudad de México no fuese tan grande, ya sería una ciudad segura”.

Orgulloso termina: “El trabajo de la policía es lo que hace que la gente que pueda salir a la calle, que la gente viva plenamente, que salga de noche, que acuda a sus actividades, somos una ciudad con vida propia. Para que la policía sea eficiente no debes sentirla, no debes darte cuenta de que la tienes, simplemente debes poder hacer tus actividades con seguridad y libertad”