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Te presentamos una visión diferente de lo que viven diariamente los elementos de la Policía de la Ciudad de México. Normalmente en situaciones que ponen en riesgo su vida e integridad, pero sin perder nunca los principios que los caracterizan: honor, justicia, igualdad y lealtad. Estas son sus historias.

Octubre de 2008 fue un mes que César Mosqueda Grifaldo nunca olvidará. Un mes que lo cambió en muchos sentidos, tanto física como emocionalmente. A César no le cuesta trabajo recordar los acontecimientos, los cuales, mantiene frescos en algún lugar de su memoria del que probablemente nunca se borrarán. Después de todo, recibir 5 disparos y sobrevivir, no a cualquiera le pasa.

Fue hace una década. César tenía 29 años de edad y 9 dentro de la Policía Municipal de Ciudad Juárez, Chihuahua, era escolta municipal. Recuerda que todo sucedió un 18 de octubre, saldría de vacaciones y faltaba una semana para su cumpleaños. Él y dos de sus compañeros escoltas salieron de turno cuando de pronto fueron emboscados por una camioneta con hombres armados.

César iba manejando, trató de evadirlos pero fue en vano, después de unos minutos los interceptaron y chocaron, el vehículo se detuvo y a punta de pistola los bajaron de su auto. La instrucción de los sujetos era sencilla: matar policías para amedrentar al Presidente Municipal  en turno.  

César no portaba pistola ni chaleco, les dijo que ellos no tenían nada que ver ya que sólo trabajaban para el municipio, pero los sujetos no hicieron caso y les indicaron que se arrodillaran. Uno de los hombres, poniendo su arma en la frente de César le gritó que se hincara, a lo que César respondió: “Yo no le debo nada a nadie y no me tengo por qué hincar”. Efectivamente, no lo hizo, lo cual puso nervioso al sujeto que sostenía la pistola, César notó el temblor en la mano del joven (“no pasaba de 22 años”, recuerda) y vio una oportunidad, utilizando las técnicas que le enseñaron en la Academia, reaccionó de inmediato e intentó quitarle el arma al muchacho, durante el forcejeo se escuchó un disparo y César sintió caliente el cuerpo: “Sentía el cuerpo alterado, caliente por dentro, mucha adrenalina, pero el instinto de supervivencia fue más fuerte” recuerda. 

El disparo impactó en el pectoral derecho de César. A pesar de esto, continuó forcejeando con el joven y pensó: “te vas conmigo canijo”. Haciendo acopio de destreza, César consiguió tirar al sujeto al piso, hasta que, otro de los hombres armados llegó por detrás y levantó a César por la espalda: “En ese momento pensé “ya hasta aquí”, era lógico que se iba a parar muy enojado” recuerda.  

El tipo se incorporó del suelo y le disparó 4 veces más en el abdomen. Al ver eso, Diego, un compañero de César, se acercó a él: “yo me voy contigo carnal”, le dijo, mientras lo abrazaba para protegerlo de la ráfaga de disparos. Ambos cayeron al piso. 

Al estar abrazados y en el piso, los disparos continuaron, Diego recibió impactos en la cabeza y en las costillas. En una maniobra astuta, César se quedó con los ojos abiertos, sin parpadear, simulando estar muerto, y así observó la huida de sus atacantes. Su amigo, Diego, no logró sobrevivir. 

Después de varios minutos, César recibió ayuda de un automovilista que pasaba por ahí, el cual le prestó su teléfono y así pudo llamar al centro de mando donde alertaron a todas las unidades. Al poco tiempo, César recuerda escuchar la voz de Favela, un compañero de su generación, Favela quería llevarlo al hospital, pero en esas circunstancias hay un protocolo que dicta esperar a los servicios médicas autorizados, a Favela no le importó, y en un acto de compañerismo, lo subió a su patrulla: “Es mi amigo, no voy a dejar que se muera”, le dijo a su superior, aún sabiendo que no acató una orden. 

Por fin llegaron al hospital, César aún consciente, pero una vez que estuvo en el quirófano, recuerda: “todo se puso nublado, todo gris”. Y pensó: “hasta aquí, hasta aquí llegué…” Perdió el conocimiento.

Despertó hasta el otro día por la tarde, tenía muchos tubos conectados a su cuerpo. No podía hablar, no se podía mover, sólo observaba lo que pasaba a su alrededor, recuerda ver a su mamá y a sus hermanos, “qué bueno que sigo vivo” pensó, aunque se sentía diferente. Algo no andaba bien, por más que intentó, no pudo mover sus piernas, las sentía completamente dormidas.

Continuará...



Pasaban las 12 de la tarde del día 14 de septiembre del presente año, cuando Benito Mata Hernández y Otilio Muñoz Martínez, realizaban funciones propias de su actividad policial en las calles de la colonia Pedregal de San Nicolás, en la Alcaldía de Tlalpan. De pronto, a través de la frecuencia de radio, les informaron sobre un intento de secuestro a un menor. 

Una vez arribaron al lugar, de inmediato ubicaron al sospechoso con las características señaladas y ambos policías lo lograron detener, frustrando así, su intento de huida. 

Posteriormente, hablaron con el padre del menor para conocer su versión de los hechos, dijo que estaban comiendo en familia cuando su hijo se bajó a jugar, en ese momento un individuo pasó corriendo e intentó llevárselo, por lo que el padre persiguió al sujeto, en tanto la madre accionó el botón de auxilio de la cámara del Centro de Comando y Control 2 (C2) para pedir apoyo a la policía.

Gracias a la rápida acción de los padres al solicitar ayuda, al excelente apoyo visual de las cámaras del Centro de Comando y Control 2 para ubicar al sujeto, y a la valiosa intervención de los uniformados, se logró rescatar al menor y así evitar una tragedia para la familia. 

Ambos compañeros, en su larga experiencia portando el uniforme: Benito con más de 18 años de servicio y Otilio con 30, mencionan que se han enfrentado a muchas situaciones difíciles que les han dejado grandes experiencias en su labor policial, pero cuando se ven involucrados niños o mujeres, consideran que es algo más delicado.

Refiere Otilio que al hacer bien su trabajo durante 30 años, han sido pocas las muestras de agradecimiento que ha recibido de la gente que ayuda, ”el recibir un ‘gracias’ de la gente que ayudas es la recompensa correcta a tantos desvelos y peligros que se sufren en la calle”. 

Desde temprana edad a Benito le gustaba la cuestión del uniforme y la disciplina, menciona: “Cuando entras a la policía es por necesidad, pero con el tiempo se va transformando en una vocación”. Con más de tres décadas en la labor policial: “he tenido muchos reconocimientos, pero el mejor es el de la familia, que me ven como héroe.” 

Ambos policías concuerdan en la inmensa responsabilidad que implica ponerse el uniforme todos los días: “Una cosa muy significativa en la vida de cualquier policía es hacerle frente al peligro, el dar tu juventud y salud por gente que no conoces, eso es amar a tu prójimo, no cualquiera se mete en el uniforme” refiere Otilio, mientras que Benito asiente con la cabeza. 

Abraham Martínez Méndez, con más de 13 años siendo policía, relata una de las experiencias más significativas que vivió en los últimos meses. Recuerda que ese día circulaba sobre la calle Dickens, colonia Polanco, y junto con una unidad de Policía Auxiliar, cubrían el operativo Polanco-Condesa.

Por la radio escuchó la emergencia, sujetos extraños irrumpieron en una casa. Abraham arribó al lugar y solicitó apoyo del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la CDMX (C5) una vez en coordinación con ellos, le indicaron a Abraham que las personas sospechosas que se encontraban dentro del domicilio estaban saliendo por la puerta principal.

Abraham observó correr a uno de los sujetos, al cual, rápidamente alcanzó y sometió en el piso, durante el forcejeo, el sospechoso intentó agarrar un objeto que tenía a la altura de su cintura, “pero no pudo, se lo impedí” recalca orgulloso Abraham, dándose cuenta que se trataba de un arma, la cual logró arrebatarle. 

Delfino Cruz Cruz no perdió detalle de lo que le sucedió a su compañero, ya que estuvo en el momento indicado de la persecución, y al darse cuenta, intervino inmediatamente logrando la detención de otro de los sospechosos, al cual le encontró entre sus manos un alhajero que momentos antes había sustraído de la casa. 

Delfino relata así su experiencia: “Al momento de acercarme a detener al sujeto, éste se detiene al verme, no opuso resistencia, como si mi sola presencia lo incitara a rendirse”. 

En los 5 años de experiencia que tiene Delfino, dice que nunca había detenido a personas que con tan solo verlo, se rindieran. 

Para ellos, el ser policía les ha dado grandes satisfacciones como tener una  mejor vida y un trabajo estable, dándoles paz y alegría a sus familias. Además, los dos concuerdan en que el amor por la camiseta es tal, que les cambió la existencia, es parte de su vida, su segunda familia.

Finalmente, ambos coinciden en que la policía les ha brindado las herramientas suficientes para poder ofrecer a la ciudadanía un servicio de calidad: “Es un orgullo portar el uniforme y por siempre lo será”.

Una persona arrodillada, una mano manchada de sangre, y un arma de fuego en la otra mano. Esta fue la escena con lo que se toparon los policías Jennifer Rangel Tagle y Gilberto San Juan Alvarado, el pasado septiembre, al acudir a una emergencia en la cual fueron reportados disparos en la colonia Santa Cruz Atoyac de la Alcaldía Benito Juárez.  

Víctor Marcelo Puntos Beltrán y su compañero Arturo Pérez Benítez, ambos con 3 años de servicio policial, arribaron al mismo lugar del incidente para apoyar a sus compañeros. Tanto Víctor como Marcelo, coinciden en que nunca habían intervenido en un hecho como ese.

La persona arrodillada y herida resultó ser un Policía de Investigación que fue víctima de un intento de robo. Un sujeto armado lo pretendió despojar de una fuerte cantidad de dinero: 65 mil pesos, pero el policía reaccionó defendiendo sus pertenencias. Ahí comenzaron los disparos. Lo impactante para los 4 compañeros que llegaron a auxiliar fue que la víctima era un policía, y de inmediato pensaron que eso pudo sucederle a cualquiera de ellos. 

El asaltante fue encontrado metros más adelante con dos impactos de arma de fuego al interior de un vehículo. 

Tanto el asaltante como el policía lesionado, fueron trasladados al hospital más cercano. El dinero perteneciente a la víctima fue recuperado y quedó a disposición del Ministerio Público mientras se realizaban las investigaciones pertinentes. En palabras de los uniformados: “Esta situación representa un enorme logro para nosotros pues pudimos ayudar a un colega herido”. 

Los cuatro compañeros están de acuerdo en la gran responsabilidad que implica ser policía y lo mucho que les gusta portar el uniforme con dignidad y respeto. “Me siento orgullosa de mi padre, es un ejemplo a seguir, es policía jubilado y trabajó más de 30 años en tránsito, con ese trabajo sacó adelante a toda mi familia”, dice Jennifer con un gesto de admiración. 

Gilberto menciona que se siente muy a gusto con su trabajo. Tiene una hija de 22 años, y dice que tanto ella, como su esposa, se sienten orgullosas de la labor que él realiza: “Ser policía representa mucha responsabilidad y orgullo”.

Arturo Pérez concuerda con sus compañeros: “Es una gran responsabilidad salvaguardar a la ciudadanía”. Es policía por el gusto de ayudar a sus semejantes, y le gustaría que su hija algún día siguiera sus pasos.

Y Víctor, define así su trabajo: “Ser policía es realizar una labor digna y respetable, es portar el uniforme con orgullo y dignidad”.

Como reflexión final, todos aseguran que se sienten apoyados por sus familias y que el uniforme implica un gran compromiso. Además, están de acuerdo en que les fascina su labor, pero siempre deben estar alerta, y sobre todo, al pendiente de la ciudadanía. “No cualquiera usa el uniforme”, coinciden todos.

Un intento de suicidio fue lo que se reportó a través de la radio. La mañana del 13 de septiembre de este año, Miguel Ángel Salto Fragoso y Erick Velasco Escobar patrullaban las calles de la colonia Guadalupe, muy cerca del lugar de los acontecimientos, la calle Alhelí, por lo que arribaron casi de inmediato. 

Al llegar observaron a varias personas afuera de un edificio, quienes incrédulas y algo nerviosas, veían a una chica que se encontraba en la parte superior, en la azotea y que amenazaba con lanzarse al vacío. Sin perder tiempo, los policías subieron los 5 pisos.

En la azotea, la situación era muy tensa. La joven estaba al borde de la marquesina, sujetándose de una antena y con toda la intención de saltar, se veía algo aturdida, confundida y estaba llorando. Ante tal panorama, el único pensamiento de Miguel Ángel fue: “si no intervengo se va a lanzar”. Mientras que Erick, para tratar de tranquilizarla, en repetidas ocasiones le dijo: “¡tranquila, no lo hagas, piensa en tu familia!”. 

En un astuto movimiento, Erick se asomó por la cornisa para decirle a la gente que hicieran ruido y así llamar la atención de la chica, mientras ellos la ponían a salvo. La gente, colaborando con los policías, comenzó a hacer alboroto y mover las manos para llamar la atención de la joven... la estrategia funcionó, y en ese preciso momento, aprovechando el distractor, ambos uniformados la tomaron de las manos, la pusieron en un lugar seguro y así evitaron una tragedia. 

Pasado el momento de tensión, una ambulancia de Bomberos arribó, quienes valoraron y diagnosticaron que la joven se intoxicó por ingerir muchas pastillas. Inmediatamente la trasladaron al Hospital de Psiquiatría Fray Bernardino, ubicado al sur de la ciudad. 

La buena coordinación y colaboración entre la gente y los policías dio como resultado una vida salvada. Sobre lo que sintió al momento de estar en tan peligrosa situación, Miguel Ángel refiere: “no sentí miedo como tal, pero sí temor de que fuera a pasar algo peor”. Por su parte, Erick recuerda: “la impresión de tratar de rescatarla no me dio tiempo de tener miedo, más bien me preocupaba cómo hacerle para poder salvarla”. 

La estupenda labor que ambos uniformados realizaron les fue recompensada, al menos anímicamente, por la gente y sus compañeros: “Los vecinos nos felicitaron y dijeron que sin nosotros hubiera pasado otra cosa más grave”, refiere con orgullo Miguel Ángel, y agrega: “Por la frecuencia de radio también nos felicitaron.” 

Portar el uniforme siempre fue una inquietud para Erick, entró a la policía por gusto. Tiene 2 hijos, de 15 y 9 años de edad, “para mis hijos soy su héroe”, refiere con alegría. Trata de inculcarles que el policía no está sólo para detener ladrones, sino también para ayudar a la ciudadanía, y dice que si sus hijos quisieran ser policías los apoyaría en todo.

Miguel Ángel, con más de 13 años de servicio, ha participado en muchas intervenciones donde ha recuperado objetos de valor e incluso le han disparado, pero considera que la más reciente ha sido muy importante, ya que salvó una vida y eso le genera una gran satisfacción.

“Me gusta formar parte del cuerpo policial, mi padre fue policía, ya es jubilado con 33 años de servicio y me llamó la atención, quiero seguir sus pasos y su ejemplo”, comenta Miguel Ángel con entusiasmo.

Ambos coinciden que es importante que se les reconozca la labor que realizan, muchas veces se pasan por alto los diferentes riesgos que representa la función policial, sin embargo, concluyen diciendo que a pesar de todo eso, cumplen su trabajo de manera eficiente y profesional en beneficio de la ciudadanía. 

“Uno se siente a gusto que todavía hay gente que valora la labor policial, y que aún reconoce las buenas acciones”, concluye Miguel Ángel.

A los 22 años de edad José Ángel Carmona entró a la policía, inició sus labores en el sector Moctezuma, más tarde, a través de un curso básico intensivo, logró ingresar al Agrupamiento Fuerza de Tarea cumpliendo ya 14 años de servicio.

Hoy, a sus 36 años de edad, José Ángel relata que una noche de septiembre de este año, al circular sobre la Avenida Ferrocarril de Cintura de forma rutinaria, un hombre los abordó para informarles sobre un sujeto que estaba vendiendo drogas en una calle cercana a su ubicación. 

Inmediatamente, él y sus compañeros se dirigieron al lugar. Al llegar encontraron a una persona con las características antes proporcionadas, éste, al ver la presencia policial intentó huir, pero fue detenido gracias a una hábil coordinación de los elementos policiales. 

José Ángel recuerda que al sujeto le encontraron una cangurera en la cual había una pistola calibre .45 y en una de sus manos tenía una bolsa de plástico color negra, dicha bolsa contenía 10 bolsas pequeñas y 5 grandes de hierba verde con las características propias de la marihuana, con un peso aproximado de 10 kilos. Además de 136 pastillas con las características propias de estupefacientes y 200 pesos en efectivo. Una vez que se aseguró al sujeto, sus derechos le fueron leídos y lo trasladaron a la agencia del Ministerio Público donde fue puesto a disposición junto con el arma y la droga decomisada.

José Ángel define su trabajo como algo especial y necesario para la ciudadanía. Resalta que gracias a la admiración y respeto que de niño le tenía a los policías, entró a la Corporación. Sus padres al principio no aceptaron su trabajo por el alto riesgo que este implica, sin embargo, con el paso del tiempo, terminaron por aceptarlo y sentirse orgullosos de él. 

Su mujer, al igual que él, es parte de las filas de la policía desde hace 14 años y son padres de dos hijos, los cuales cada día se enorgullecen más por la profesión que eligieron sus papás.

Para finalizar José Ángel señala: “El compañerismo y la alta preparación son la clave para proteger, reaccionar y salvaguardar a la ciudadanía.”


La patrulla que perseguía al autobús de las “3 estrellas doradas” quedó a centímetros de chocar con éste cuando por fin le dieron alcance, después de una breve pero intensa persecución sobre la avenida Guelatao. Esta escena sucedió el 4 de septiembre de este año y fue protagonizada por Maely González Solís y sus compañeros del sector Santa Cruz. 

Después de recibir por radio la notificación de un asalto a casa habitación, les indicaron que para huir, los asaltantes habían robado un autobús. Ahí comenzó la persecución. 

La única información que tenían sobre el autobús, era que tenía pintadas 3 estrellas doradas, y con esa simple pista lo comenzaron a ubicar. Una vez lo localizaron y le marcaron el alto, el autobús no quiso detenerse: “Lo topamos de frente y estuvimos a punto de chocar, así, a centímetros” recuerda Maely. Dos de las personas se bajan del camión y dos compañeros de Maely los persiguen, mientras tanto, Maely ingresó al autobús y allí encontró armas largas de diferentes calibres. Posteriormente regresaron los dos compañeros con los sujetos que lograron capturar. Además de las armas, también fueron recuperados otros accesorios personales (carteras, joyas, relojes) pertenecientes a la víctima, la cual quedó muy agradecida porque recuperaron sus bienes. 

Maely refiere que ya había tenido varias situaciones similares pero esta fue una de las más fuertes: “No sentí miedo, es pura adrenalina pero estás haciendo tu trabajo, ya después hasta te tiemblan las piernas y analizas lo que pudo haber pasado”. 

Señala que su esposo también es policía y se preocupa por ella. Tienen 2 hijos, los cuales quieren ser policías: “Luego me preguntan cómo es mi trabajo, yo se los cuento de manera más realista, los pros y los contras, pero se aferran a seguir mis pasos”, y agrega: “Mi familia, en especial mis hermanos, me dicen que no me arriesgue tanto, pero yo les digo que prefiero salir a las calles que estar en una oficina”. 

Maely piensa que cada persona entra por diferentes motivos a trabajar en la policía, que de adolescente jamás pensó en entrar a la Corporación policial, pero ahora: “Me encanta mi trabajo, nunca pensé amar tanto lo que hago”, dice. Además le gusta que en este trabajo nunca terminas de aprender: “Todos los días se aprende algo nuevo, lo que más me gusta es el agradecimiento de la ciudadanía”. 

A sus 35 años de edad y con 11 de servicio, Maely está consciente que una de las cosas más difíciles a las que se ha enfrentado en su trabajo es el hecho de ser mujer, pero ha logrado sobreponerse y salir adelante: “Trabajar en equipo, hombres y mujeres mantenernos unidos, esa es la clave, la mujer no es el sexo débil, también sabe hacer bien su trabajo”. Finaliza.


La tarde del 19 de septiembre del presente año, Edgar Estrada Chino, escuchó la emergencia, fue reportado un robo a transporte público muy cerca de su sector, la colonia Centro en la Alcaldía Cuauhtémoc, los asaltantes huían en motocicleta. Inmediatamente, Edgar junto con otros 5 compañeros corrieron hacia la calle Jesús María, y una vez allí, observaron acercarse una moto a toda velocidad. Entre todos improvisaron una “valla” humana para tratar de detener el avance de la motocicleta, pero fue en vano, ya que el conductor aceleró y estuvo a punto de embestirlos a todos. 

Durante el intento de escape, el sujeto que iba atrás en la motocicleta saltó de ella para continuar huyendo a pie, pero Edgar nunca lo perdió de vista y siguió corriendo tras él.

Aunque el asaltante le había sacado varios de metros de ventaja, Edgar nunca cesó en su empeño por detenerlo, aunque confiesa que en algún momento pensó: “Ya me ganó, ya se me fue”, sin embargo, comenta que siempre se mantuvo enfocado en su deber y que cuando el sujeto se metió a una vecindad lo único que pensó fue: “Te saco porque te saco”. 

Dentro de la vecindad la persecución se reanudó, el sujeto comenzó a subir escaleras y a correr por los techos mientras Edgar hacía lo mismo y le pisaba los talones, “parecía de película” recuerda con emoción: “No pensaba en el cansancio, hay que echarle para adelante, el cansancio queda atrás” añade.

Una vez llegaron a la azotea y al verse acorralado, el ladrón aventó la mochila que acababa de robar, en un intento por distraer a Edgar, pero éste, mantuvo su mirada fija a las manos para cerciorarse de que no portara armas: “Uno no debe confiarse nunca, la confianza nos puede matar, un descuido puede ser el último” agrega orgulloso de su actuación. 

Acatando los protocolos le indicó al sujeto que pusiera la rodilla al piso para esposarlo y éste ya no opuso resistencia. En una mano la mochila y en la otra el delincuente. Rápidamente salió de la vecindad. 

Al llegar al Ministerio Público, Edgar, sin saber el contenido de la mochila, hizo entrega de la misma al afectado, un señor de aproximadamente 65 años, quien al verla suspiró de alivio, pues en ella había 60 mil pesos. “El señor ni se la creía, y estaba agradecidísimo” dice Edgar satisfecho por su labor, y agrega: “Es mi trabajo, las recompensas llegan solas, prefiero tener poco y que me rinda y no mucho y que se me acabe”. 

Originario de Tierra Caliente, Estado de México, Edgar vino a la ciudad de México en busca de mejores oportunidades de empleo y mejores condiciones de vida, y aunque al principio quería ser militar, finalmente su vocación policial fue la que triunfó: “Es un peligro siempre, desgraciadamente la gente no valora el trabajo que hacemos” comenta. 

Y así concluye: “Estamos expuestos día con día pero en este trabajo no debes tener miedo, yo me encomiendo a Dios y que pase lo que tenga que pasar”. 


“Era una señora embarazada” recuerda José Martín Rojas: “La vimos manipulando un paquete café, típico paquete de droga” dice, mientras continúa contando lo acontecido aquella noche de septiembre del presente año, cuando él, junto a otros compañeros realizaban un patrullaje de rutina y se percataron de la actitud sospechosa de la señora y unos jóvenes que la acompañaban.

El sector de José Martín, o solamente Martín, como le gusta que le llamen, es La Noria, en la Alcaldía Xochimilco, dicha zona tiene muchas denuncias de narcomenudeo, y esa noche, mientras él y sus compañeros se acercaron a ese grupo de personas, la señora embarazada y los sujetos que estaban con ella, comenzaron a correr. Para mala fortuna del grupo, todos huyeron para el mismo lugar… un callejón sin salida. Ahí fue donde los aprehendieron.

Utilizando objetos que estaban en el escritorio al momento de la entrevista, Martín comienza a describir cómo fue que los acorralaron en el callejón: “Yo entré por aquí” dice, mientras ubica su botella de agua simulando ser él: “Y los chavos se metieron por este callejón” continúa, utilizando un folder y una hoja de papel para simular el callejón: “Ahí los agarramos, ellos solitos se acorralaron”, concluye.

En total les fueron encontrados 10 paquetes grandes de marihuana. La señora embarazada no opuso resistencia, sólo dos se resistieron, relata, pero afortunadamente, la situación no pasó a mayores.

“Típico que quieren ofrecer dinero”, comenta Martín, quien ya está acostumbrado a este tipo de intentos de soborno, “pero definitivamente no, no me voy a vender”, refiere orgulloso de haber actuado conforme a sus valores y profesionalismo.

Durante los 8 años que Martín lleva como policía, una cosa tiene muy clara: “Yo soy de acción, no me gusta sólo estar parado ahí”. De hecho, comenta que su primera intención era ser escolta: “Yo quise ser escolta, pero por mi estatura no me aceptaron ¡me faltó un centímetro!” dice entre risas. Pero eso no importa, porque el destino lo llevó a enlistarse en el cuerpo policial, y él, no podía estar más contento: “A mí me gusta mi trabajo, que vean lo que hago, que mi familia vea que hago buenas acciones”.

Y para concluir, Martín lanza un mensaje para la ciudadanía: “Que nos tengan confianza, habemos personas a las que sí nos gusta nuestro trabajo, servir a la gente, dar lo mejor que tengas como persona y que se tomen en cuenta los logros que has conseguido”, finaliza.

Cuando Jesús Alfredo Álvarez era niño, la lectura fue su inspiración para llegar a convertirse en policía, pues recuerda que, en las historias que él leía, el policía era el protagonista y siempre resolvía el caso, y que al leer estas historias pensaba: “cuando crezca, seré como ellos y lograré mi sueño”. Ahora, a sus 43 años y con 22 años de servicio activo, rememora aquella etapa de su niñez, y dice sentirse orgulloso de portar el uniforme pues considera que ser parte de la policía de la Ciudad de México, es una gran responsabilidad.

La noche del 18 de septiembre del presente año, aproximadamente las 8 de la noche, Jesús se encontraba en la esquina de Congreso de la Unión y Eje 1, cuando unos compañeros del agrupamiento granaderos, le solicitaron apoyo pues se encontraban en plena persecución, recuerda que sólo le dijeron “son los de las motos”, y comenzó a darles alcance metros más adelante. 

Uno de los sospechosos ingresó a una vecindad, “estaba toda oscura” recuerda Jesús, y continúa: “Iba corriendo detrás del sujeto, y al sentirlo cerca me abalancé sobre él, lo tiré al piso y ahí empezamos a forcejear”. Recuerda que actuó sin pensarlo “actuó mi adrenalina, ya que en ese momento no piensas en nada, por fortuna, él no traía ningún arma” relata aliviado. Jesús le incautó al sospechoso 10 kilos de cocaína.

Sobre lo que sentía en aquel momento, dice: “A veces no piensas en las consecuencias, ya que sólo se actúa por instinto, para mí, la policía es mi segunda casa, pues si alguien de mis compañeros necesita de mi apoyo, yo sin pensarlo actuaré”.

Antes de ingresar y solventar sus estudios de nivel preparatoria, trabajó como chofer de un camión, trabajo que no le gustó, y a los 21 años decidió ingresar a la policía con el apoyo de su familia, “voy a empezar una nueva aventura de mi vida”, pensó emocionado.

Actualmente tiene 3 hijos, los cuales son su orgullo, y a pesar de que ellos no quieren ser policías, admiran mucho a su padre. Por su parte, su esposa, vive siempre con la preocupación de que Jesús llegue bien a casa todos los días.

Jesús siente un profundo agradecimiento hacia la Corporación y no duda en expresarlo: “Estoy muy agradecido con la Secretaría de Seguridad Pública por los cursos y las capacitaciones que nos proporcionan, el vestir un uniforme y que la gente lo agradezca sin conocerme, es lo mejor que me ha pasado en mi vida, jamás lo cambiara por nada” finaliza.


Un taxi que circulaba con las luces apagadas llamó su atención aquella noche, recuerda Víctor Daniel Terrón Salazar, quien pertenece al agrupamiento de granaderos oriente. Él, junto con su grupo de trabajo, circulaban sobre Eje 1 norte cuando observaron al vehículo y se acercaron para indicarle que se detuviera, al hacerlo, tres sujetos salieron corriendo, por lo que Víctor y sus compañeros fueron tras ellos, alcanzando a dos de los sospechosos metros adelante.

Una vez capturados, les realizaron la inspección correspondiente y encontraron entre sus pertenencias una considerable cantidad de droga: 16 bolsas de polvo cristalino, 23 bolsas de mariguana y 4 paquetes de pastillas. Sin embargo, lo que más llamó su atención fue que uno de ellos trató de esconder un sobre entre sus ropas, al abrirlo, descubrieron la leyenda: “Unión Tepito” y encontraron 12 fotografías de una familia completa, así como un teléfono celular encendido, por lo que dedujeron que posiblemente pretendían extorsionar a dicha familia.

“Existe la posibilidad de que el taxista, al vernos, apagó las luces para llamar nuestra atención”, deduce Víctor.

Víctor se considera un elemento útil dentro de la Corporación ya que ha realizado varias detenciones importantes en su trayectoria de 23 años de servicio. “Entras por necesidad, pero conforme pasa el tiempo, te vas dando cuenta que tienes vocación”, expresa con entusiasmo.

Siendo niño tenía un primo que era policía, y Víctor recuerda que le emocionaba verlo uniformado, desde ahí comenzó su inquietud por algún día, portar un uniforme igual.

Dice que no tiene temor, ya que a lo largo del tiempo se va adquiriendo experiencia, y él va un paso adelante, aunque: “Es cosa de nuestro trabajo el que estemos expuestos” y agrega que da miedo cuando haces trabajo peligroso: “Al momento tal vez no tanto, pero después ya reaccionas”. Y también comenta que su esposa es con la que habla de los riesgos y beneficios que representa el ser policía: “Ella dice que me cuide, que siempre esté alerta ya que mi familia me necesita”.

Acerca de la percepción que él tiene de su profesión, concluye que: “En todos los ámbitos laborales hay gente buena y mala, si un elemento hace algo malo, se generaliza esa imagen y la gente no se da cuenta que muchos hacemos nuestro trabajo bien, la ciudadanía no reconoce el trabajo policial”.


Gilda Córdoba Quiroz y Jesús Salgado Rosas pertenecen a la Policía Auxiliar, llevan más de veinte años trabajando juntos y dicen que han vivido experiencias de todo tipo, pero la experiencia del pasado 20 de septiembre de este año, sin duda ha sido una de las más memorables. “Nuestra labor es una tarea difícil” concuerdan ambos. 

El día del incidente, ambos estaban haciendo su recorrido a pie, cuando metros más adelante, observaron a dos personas que intercambiaban unas bolsas negras. Sigilosos, Gilda y Jesús caminaron detrás de los sujetos sin perderlos de vista, ambas personas, al sentir la presencia policial, se pusieron nerviosos y tiraron al piso una de las bolsas, es en ese momento cuando los uniformados les piden que se detengan, y los sujetos, en una actitud que les pareció inusual a ambos policías, cooperan plenamente.

“Fue de lo más extraño, por lo regular siempre corren o tratan de agredirnos, y nos preocupó que en algún momento nos pudieran hacer daño” menciona Gilda, y continúa: “Teníamos algo de miedo, no sabíamos lo que nos podía pasar, a pesar de los años que llevamos juntos, jamás habíamos pasado por algo similar”.

Jesús también comenta que es la primera vez que les toca un caso así, pues nunca habían detenido a nadie por posesión de droga. En total les encontraron 10 bolsitas con mariguana.

Gilda creció en un ambiente familiar muy cálido, comenta que desde niña siempre quiso ser policía, ya que ella admira mucho a su padre, y que al verlo de uniforme pensaba: “Cuando crezca quiero ser como él”, razón por la cual, está muy orgullosa de pertenecer al cuerpo de la Policía Auxiliar. 

Jesús menciona que de niño, también tenía la inquietud de ser policía, y al cumplir los 18 años, por fin consiguió su objetivo: “Fue un camino duro, ya tengo 20 años de servicio dentro la institución y no podría sentirme más feliz de pertenecer a la Policía Auxiliar”. Su hijo, de 19 años, mira orgulloso cómo su padre porte el uniforme.

Tanto Gilda, como Jesús, están de acuerdo en una cosa: ser policía no es una tarea sencilla, sin embargo, lo hacen por amor al trabajo, no importa si es de día o de noche: “Estamos al servicio de la ciudadanía” concluyen.


“¡David regrésate rápido, date vuelta en sentido contrario y los encontraremos!”. Fue lo que Mario Cuevas, policía con 7 años de servicio, le dijo a su compañero David Torres, al escuchar vía radio, acerca de un tráiler blanco, el cual había sido reportado como robado y se dirigía a la autopista de Puebla. David aceleró y comenzaron la persecución.

Mientras tanto, Edalid Ortiz y su compañero Javier Antonio Esparza, ya se encontraban muy cerca del tráiler. Para no alertarlo con su presencia decidieron no encender su torreta, manteniendo así, el factor sorpresa de su lado. La estrategia funcionó. Una vez que ubicaron el vehículo, ambas unidades se coordinaron para impedir con sus patrullas la circulación sobre la avenida, y así, evitar que el tráiler pudiera continuar su marcha. “Todo fue rápido, cuestión de unos 5 minutos yo creo” recuerda Edalid.

Los cuatro policías se acercaron con cautela hacia el tráiler. Comenta David que él y su compañero se aproximaron por el lado del conductor, mientras que Edalid y Javier se acercaron del lado del copiloto: “Mediante comandos verbales les indicamos que bajaran con las manos en alto, y tras la lectura de sus derechos, hicimos la detención” refiere David.

Posteriormente, avisaron a la parte afectada. La dueña de la mercancía se encontraba muy angustiada al pensar que sus productos se habían perdido, y por ende, gran parte de su inversión. Sin embargo, gracias a la pronta y eficaz respuesta por parte de los cuatro elementos del sector Teotongo, fue posible la recuperación de la mercancía en su totalidad, la cual, para sorpresa de los oficiales, estaba valuada en casi dos millones de pesos, cifra que no se ve todos los días. “La dueña de la mercancía estaba muy contenta y nos agradeció mucho” recuerda Edalid.

Sobre el asunto del dinero, David reitera su lealtad ante la ciudadanía: “Sí hubo un intento de soborno por parte de los malhechores, siempre pasa, pero nosotros dijimos que no”.

Próximo a cumplir los 9 años dentro de la Corporación Policial, Jesús Fernando Rojas, rememora un decomiso de droga que él, junto con 5 compañeros, realizaron en septiembre pasado en la Colonia Morelos de la Alcaldía Cuauhtémoc, una colonia que se ha convertido en foco rojo para la policía.

Circulando por la calle Jesús Carranza, el grupo de uniformados observó a lo lejos a un grupo de personas manipulando bolsas de plástico, al no poder distinguir bien el contenido de las bolsas, pero sospechando que podrían tratarse de narcóticos, decidieron aproximarse a ellos.

Al percatarse de la presencia de los oficiales, los sujetos intentaron esconder las bolsas, pero fue en vano, ya que al realizarse el cateo correspondiente a cada uno de ellos, dieron con los envoltorios que contenían una hierba verde: marihuana.

“Los detuvimos en flagrancia pues se dedicaban a la compra venta de la droga, pero nadie opuso resistencia, todo transcurrió sin incidentes” comenta Jesús.

Este ha sido el decomiso de droga más grande en el que Jesús ha participado, ya que, además de las bolsas con droga, les encontraron una maleta de tamaño considerable llena con los mismos paquetes de marihuana, llegando a un total de casi 10 kilogramos del producto.  

“Todo fue cuestión de minutos, siempre es un riesgo, te mentalizas y piensas ‘lo voy a detener, todo va a salir bien” menciona recordando lo que pasaba por su cabeza en ese momento: “Hasta el momento de la detención valoras y agradeces que todo salió bien”.

Acerca de su experiencia día con día patrullando las calles, Jesús comenta: “Hay momentos en que sí me da miedo, si algo me pasa dejaría desamparada a mi familia, por eso siempre mentalidad y actitud positiva para que todo salga bien”.

Jesús reconoce que al principio tomó su trabajo como ‘un trabajo más’, pero: “Conforme ha ido pasando el tiempo me he ido acostumbrando y le he tomado mucho cariño”. Y orgulloso agrega: “Es un honor para mí ser policía, porque no cualquiera lo hace, nos critican pero no saben todo lo que uno deja por cuidar a la gente”. 

Finalmente, Jesús menciona que diariamente recibe la mejor recomendación que alguien le puede hacer: “Que nunca me quite el chaleco me dice mi esposa, y le hago caso, nunca me lo quito” concluye riendo. Sin duda alguna, el mejor consejo.

La mañana del 12 de septiembre de este año, Luis Enrique Ocón Toledo, junto con su compañero Jorge Lara Maya, ambos pertenecientes al Estado Mayor Policial, iban en su patrulla sobre la calle de Doctor Barragán en la Delegación Cuauhtémoc, realizando la supervisión de la zona. En algún momento, ambos notaron delante de ellos a dos personas que intercambiaban algo, percibieron que uno de ellos tenía unos billetes en su mano y el otro le daba unas bolsitas. 

Jorge recuerda que iban circulando tan despacito abordo de la unidad que no hubo necesidad de pisar el acelerador, que ambos simplemente se bajaron de la patrulla y se posicionaron de tal forma que a los sujetos no les dieron espacio para correr: “Yo llegué por un lado y Luis Enrique por el otro”, añade Jorge, mientras con sus manos recrea la manera en la que rodearon a los sujetos. 

Al realizarles la inspección, al primer sujeto le encontraron cuatro bolsitas, que en su interior contenían marihuana, y el segundo sujeto traía una bolsa con unos billetes. Destaca Jorge: “Yo soy el que les hace la revisión a los dos sujetos, esto gracias a que estamos muy bien coordinados, por tener mucho tiempo trabajando juntos, cada quien ya sabe lo que tenemos que hacer”. 

“Las personas intentan desafanarse” dice Luis Enrique, y continúa: “Pero les fue imposible, no supieron qué hacer y ni pudieron correr”.

Ambos comentan que en ningún momento los sujetos los intentaron sobornar, y que si lo hubieran hecho, ellos jamás lo hubieran aceptado porque aman su trabajo: “No estamos dispuestos a perder nuestro trabajo por cualquier dádiva”, dice Luis Enrique, y añade que: “Si actúas mal y cometes errores, la misma ciudadanía te lo hará pagar”.

Jorge rememora que desde pequeño, al ver a su padre uniformado llegando a casa: “Era como ver llegar a un superhéroe”, comenta emocionado, dice que era motivo de orgullo y que eso lo motiva para transmitirle a sus hijos la valoración por el trabajo policíaco, de mostrarle que ellos, los policías, son gente que trabaja por sus familias y merecen respeto y confianza por su gran labor. 

Para Luis Enrique, ser policía significa ser una persona recta, con o sin uniforme, ser la figura de autoridad que la gente respete por su honradez y servicio.

Luis Enrique y Jorge coinciden que la preparación recibida por la Corporación mediante los constantes cursos, aunado al tiempo de trabajar juntos, son los ingredientes perfectos para dar el mejor resultado a la ciudadanía. 

“El que la gente nos reconozca por nuestra trabajo y nos brinde su confianza en la vía pública, son motivos suficientes para sentirnos orgullosos por la labor que realizamos”. Finaliza Jorge, mientras Luis Enrique afirma con la cabeza.


“Voltear para atrás y ver que ahí está un compañero, eso te da valor”. Así lo dice Rogelio Argueta, próximo a cumplir 8 años dentro de la Corporación policial, mientras recuerda los hechos que vivió junto con sus compañeros el pasado septiembre, donde lograron aprehender a dos sujetos y recuperar una cuantiosa suma de dinero equivalente a 330 mil pesos. 

La Subinspector Mariana Hernández, quien lleva 11 años de servicio en la Corporación, comienza un recuento de los acontecimientos de aquella mañana. Comenta que ya había muchos registros de una banda de motociclistas que asaltaban personas cerca de su perímetro, la colonia Morelos en la Alcaldía Venustiano Carranza, y que ese día, al ir patrullando por la calle Ferrocarril de Cintura, notaron cómo unas personas dentro de una camioneta les hacían señas apuntando a un par de motonetas, mismas que al notar la presencia policial aceleraron y emprendieron la huida. Mariana y su compañero, Uciel Navez, lograron darle alcance a una de las motocicletas que, en su intento por huir, terminó derrapando, mientras que los sujetos a bordo de la otra motoneta escaparon. Al asegurar al sujeto, Mariana logró recuperar una bolsa con dinero que el sospechoso había dejado caer, sin percatarse exactamente de la cantidad de dinero que contenía.  

Para este momento, otra patrulla ya había sido avisada del incidente, y así, mientras Mariana y Uciel ponían bajo custodia a uno de los sujetos, Daniel Barrios y Rogelio Argueta llegaron para apoyar a sus compañeros comenzando la búsqueda de la otra persona que entró a una vecindad. Rogelio recuerda que realizaron una minuciosa búsqueda, la cual estaba resultando infructuosa, pero, gracias a la coordinación y apoyo de las cámaras del Centro de Comando y Control Norte (C2), minutos más tarde lograron dar con el sujeto, encontrándosele un reloj, perteneciente también a la víctima. 

“Este arresto fue muy importante porque eran unas personas que ya estábamos buscando, era una banda que ya había cometido varios delitos en la zona”, refiere Mariana con una mueca de satisfacción. Cuando finalmente la situación llegó a su fin, procedieron a encontrarse con las personas afectadas para hacerles entrega de sus pertenencias. Una vez en el Ministerio Público y frente al afectado y su mamá se realizó el conteo del dinero que les había sido sustraído y ambos quedaron gratamente sorprendidos al ver que estaba en su totalidad, sus 330 mil pesos intactos. Madre e hijo, no dudaron en mostrar su enorme agradecimiento a los oficiales. 

“Es que soy muy aferrada” confiesa Mariana entre risas: “Tomo las órdenes al pie de la letra, hasta que no los agarramos no me siento satisfecha” continúa. Y sobre el capital recuperado agrega: “Tal como recuperamos el dinero, así lo regresamos, nunca tuvimos otra intención, la confianza con la ciudadanía es básica para nosotros”.

Sobre su sentir al momento de la persecución y el posterior arresto, Rogelio menciona: “Sí da un poco de miedo, es un alivio que haya tanto apoyo, eso es fundamental”, su compañero Daniel, de 25 años y con 4 años dentro del cuerpo policial, lo reafirma diciendo: “La palabra clave es compañerismo”, mientras que Uciel Navez, quien también lleva 4 años portando el uniforme, agrega: “Nos sentimos respaldados por nuestros compañeros, sabemos que siempre hay apoyo y por eso no piensas en miedo”. 

Por último, Mariana señala que se siente muy afortunada de estar al frente del sector Consulado: “Nunca cambiaría mi trabajo, soy muy feliz aquí, no lo cambiaría ni por un marido ni por una casa”, sonríe, y concluye con una frase que resume el completo amor que siente por su profesión: “No me gustaría morirme de una enfermedad, si me dieran a escoger, me gustaría morirme en mi trabajo”. 


Un hombre visiblemente agitado hacía señas con las manos pidiendo ayuda. Esto fue lo que David Meza Matías observó mientras la mañana del 7 de septiembre realizaba su patrullaje diario sobre la avenida 412 y 608 en Aragón. Una vez David se acercó al hombre, éste le comentó que lo acababan de robar y que tenía al vehículo responsable muy bien ubicado: un automóvil Stratus de color negro. 

David le pidió al afectado que subiera a la patrulla para que identificara el auto señalado. Ambos abordaron la unidad y comenzaron la búsqueda. Vía radio, solicitó el apoyo necesario para cerrar las vialidades correspondientes, y así, poder evitar la huida de los asaltantes. 

Después de varios minutos de persecución, recuerda David, finalmente el vehículo fue alcanzado, y al notar esto, los tres sujetos que iban a bordo del auto sospechoso rápidamente bajaron de él corriendo en diferentes direcciones. 

David comenta: “Yo me enfoqué en uno de los sujetos, y sin perderlo de vista me di cuenta que se subió a un mototaxi”, dándose prisa, logró alcanzarlo, frenando así, su escape. Los otros dos sujetos, huyeron. 

David logró inmovilizar el sospechoso, y al inspeccionarlo, le detectó un arma de fuego, así como 24 mil pesos en efectivo pertenecientes a la víctima. En ese momento, otra unidad llegó para apoyar. Finalmente, la situación concluyó, y el asaltante, junto con el dinero, fueron puestos a disposición del Ministerio Público, mientras se realizaban las investigaciones pertinentes. 

Originario del Estado de Puebla, David llegó a la ciudad de México desde muy pequeño, y recuerda que fue gracias a las pláticas que sostenía con su tío, quien es granadero, que nació el amor por la profesión de policía. Al día de hoy, ya lleva 4 años portando orgulloso el uniforme.  

El día a día puede ser muy estresante, dice David, y añade: “La adrenalina es un ingrediente permanente de mi actuar diario”, pues reconoce que de no tenerla, sería más difícil cumplir con su labor: “Me hace recordar que es parte fundamental para salir adelante en todas mis intervenciones como policía y poder cumplir siempre con mi trabajo”, agrega.  

Reconoce que todos los días, al desempeñar su trabajo, trata de no pensar mucho en su esposa e hija, ya que no quiere distracciones emocionales que puedan interferir con su labor en la vía pública. “Ayudo y protejo a la gente sin mirar a quien, recibiendo solamente sus palabras de agradecimiento”, menciona.

Y David concluye así: “No hay mejor gratificación que ser reconocido por la ciudadanía con su mejor frase: ‘gracias oficial”.


Desde sus estudios de bachillerato, a Carlos Ávila Suárez le llamaba mucho la atención ser policía, quería pertenecer a la Secretaría de Seguridad Pública a como diera lugar, pero su padre, quien es militar, se lo impedía. Su padre quería que siguiera estudiando, que cursara una carrera y terminará la Universidad, pero al final, ganó la vocación y el gusto de ayudar al prójimo. 

En días pasados, esa vocación de servicio y dedicación por salvaguardar a la ciudadanía le fueron recompensados a Carlos, ya que le fue entregada una Medalla al Valor Policial, por evitar con valentía y prontitud un asalto a mano armada. Dicha presea le fue concedida como parte de la más reciente ceremonia de “Entrega de Reconocimientos y Estímulos a Policías de la SSP-CDMX”.

Carlos comparte los detalles de aquel incidente, dice que al ir circulando en su patrulla, él y su compañero se percataron que, algunos metros más adelante, dos sujetos se acercaron a un vehículo amagando a los tripulantes con un arma de fuego, al darse cuenta del hecho delictivo, Carlos y su compañero descendieron rápidamente de su unidad. Siguiendo los protocolos correspondientes mediante los comandos verbales, le pidieron a los sujetos que se alejaran del auto y arrojaran su arma al piso, los asaltantes hicieron caso omiso y voltearon dirigiendo su arma en contra de Carlos y su compañero, accionándola inmediatamente pero sin llegar a lastimarlos, por lo que, de manera instintiva y actuando en legítima defensa, ellos repelieron la agresión, logrando impactar a uno de los sujetos, mientras que el otro logró escapar.

Una vez que contuvieron la situación, Carlos se dirigió a los tripulantes del vehículo afectado para recabar la información de lo sucedido, narrando que, efectivamente los sujetos les habían quitado un bolso, celulares y dinero en efectivo, todo lo cual se logró recuperar y devolver a sus legítimos dueños.

Al hacer un recuento de lo acontecido, Carlos comenta que cada situación de riesgo que se vive en las calles es diferente, pero gracias a la capacitación continua que brinda la policía, es capaz de adecuarse a las situaciones más peligrosas.

Menciona que: “Gracias a la capacitación obtenida dentro de la Secretaría de Seguridad Pública logré mantener el control de la situación, no tuve miedo, sólo pensaba en un objetivo, cumplir mi trabajo y disminuir la situación de peligro”.

Con tan sólo cuatro años en el servicio activo, comenta que en este tiempo ya ha tenido varias experiencias similares, así que de alguna manera es algo a lo que ya está acostumbrado.

“La medalla significa para mí algo de mucho valor, es más que una medalla, habla de mi preparación como persona, del reconocimiento a mi labor, por lo que es un honor ser parte de la Policía de la Ciudad de México”, menciona Carlos con orgullo. 

Y así concluye, haciendo un análisis de su experiencia a través de estos cuatro años de servicio en la policía: “Eso es de familia, gracias a los valores inculcados y el buen ejemplo de honradez y lealtad de mi padre, surgiéndome el amor y vocación de servicio”. 


“En algún momento de mi niñez quise ser policía, pero en realidad nunca fue mi sueño”, comenta José Alan Mejía, quien en la más reciente ceremonia de “Entrega de Reconocimientos y Estímulos a Policías de la SSP-CDMX”, fue uno de los agentes condecorados con una medalla al Valor Policial, esto, por detener en persecución a personas que participaron en delitos de alto impacto. Con palabras breves pero efusivas, Alan define así lo que este reconocimiento representa para él, “una satisfacción propia, una emoción, un gusto”.

Alan aún tiene muy presentes los acontecimientos de aquel día, cuando circulaba por una avenida de la Colonia Guadalupe Tepeyac y de pronto observó a dos hombres a bordo de una motocicleta, uno de ellos se lleva la mano a la cintura acomodándose un objeto parecido a un arma de fuego, al notar la presencia policial, ambos sujetos intentaron huir en sentido contrario sobre la Av. Ferrocarril Hidalgo.

Alan y otros compañeros comenzaron la persecución. A la altura de la calle Victoria, uno de los sujetos realizó una detonación, la cual impactó en la patrulla, pero metros más adelante ambos hombres derraparon y cayeron de la motocicleta, el tipo que venía atrás tiró su casco y quiso huir corriendo, aunque no llegó muy lejos, pues rápidamente le dieron alcance. El conductor de la motocicleta fue aprehendido inmediatamente y ambos sujetos fueron puestos a disposición. 

Al recordar los acontecimientos, Alan menciona que, en el momento de la persecución no te da tiempo de pensar en otra cosa, la prioridad en ese instante es asegurar al agresor, para que no vaya pasar algo que pueda dañar a personas inocentes. 

Alan, quien está próximo a cumplir los 10 años en la corporación disfruta mucho ser policía: “Al principio entré porque quería ganar más dinero, tener un mejor nivel de vida, ya cuando estás aquí, es cuando viene el amor a la camiseta” comenta con franqueza. 

Menciona también, que no es la primera vez que se enfrenta a personas armadas, incluso en una ocasión, fue lesionado en el antebrazo derecho por un disparo de arma de fuego, curiosamente ese mismo día, su esposa le avisó que estaba embarazada y que pronto serían padres, por lo que dicho disparo tiene un significado muy especial para él. 

Sobre la vida que ha llevado como policía, Alan finaliza con esta reflexión: “La vida operativa de un policía tiene varias incógnitas, puedes hacer mil cosas buenas y algunas veces ni te dan las gracias, pero con una cosa que hagas mal te crucifican”. Por eso, esta medalla representa para él una emoción y gran satisfacción personal. 


Desde su niñez, Pedro Israel Martínez Morales, siempre tuvo claro que quería ser policía, pero con lo que él no contaba, era que al llegar a la adolescencia se toparía con la negativa de su mamá, pues ella pensaba que esa profesión era demasiado peligrosa. 

Hoy, con poco más de 4 años dentro de la Corporación, Pedro Israel Martínez acaba de ser galardonado en la más reciente ceremonia de “Entrega de Reconocimientos y Estímulos a Policías de la SSP-CDMX”, y le fue entregada una Medalla al Valor Policial, por su buen desempeño durante la detención de sujetos que asaltaron un bar el año pasado. 

A pesar de haber transcurrido un año del incidente en cuestión, Pedro lo narra y lo recuerda como si hubiera sucedido ayer, él dice que durante un recorrido de rutina a bordo de su patrulla y junto a su compañero de turno en las inmediaciones del Barrio San Miguel, en la delegación Iztacalco, ambos son avisados por radio sobre el asalto a un negocio, en ese momento, los dos se percatan de unos sujetos que pasan corriendo a su lado y empuñando lo que parecía ser un arma de fuego. “Todo fue muy rápido, lo único que vi es cuando estos sujetos suben corriendo a una camioneta” menciona Pedro.

Sin pensarlo y actuando por su instinto de servicio, dieron inicio a una persecución por las calles aledañas, maniobrando a toda velocidad para no perder de vista la camioneta. Después de unos minutos, la pericia del conductor de la camioneta falló y ésta se estrelló contra el portón de una unidad habitacional, es ahí cuando los oficiales aprovechan para tratar de someterlos. Pero es en ese momento, cuando Pedro observa atónito como uno de sus compañeros recibe un disparo en el pecho, y no duda en compartir sus sentimientos al respecto: “Se siente muy feo que le den un tiro a un compañero porque ellos son como mi otra familia”. 

Pedro y sus compañeros repelen la agresión y finalmente, Pedro se acerca a una de las puertas de la camioneta y logra someter a uno de los sujetos, mientras que otro cayó abatido y tres más huyeron entre los edificios de la unidad habitacional. Con la situación controlada, y al percatarse que su compañero se encontraba bien, pues la bala quedó incrustada en el chaleco antibalas, Pedro recuerda vívidamente las múltiples emociones y pensamientos que pasaron por su cabeza durante todo el enfrentamiento: “Primeramente pensé en mi familia: mi hija y mi esposa, no sabía si las iba a volver a ver, también pensé en mis compañeros de trabajo, con los cuales he recorrido las calles día y noche durante los últimos 4 años”. 

En cuanto a la presea que le otorgaron, comenta que realmente él no esperaba nada, ningún reconocimiento ya que solamente estaba cumpliendo con su trabajo, y, al referirse a la emoción que le provoca la medalla simplemente lo expresa como algo “bonito”, y agrega: “Ser policía no es una tarea fácil, ya que no tienes mucho tiempo para estar con la familia, y a veces ni tiempo para uno mismo”. 

“Aunque se enojé mi mamá voy a ser policía” decía un joven y obstinado Pedro, afortunadamente, ella con el tiempo cedió, comprendió que era el sueño de su hijo y lo terminó apoyando para que lo cumpliera. El día de hoy, con este reconocimiento, su mamá se encuentra más orgullosa que nunca.  


Rodolfo Juan de Dios Herrera sintió un enorme alivio al comprobar que el impacto de bala que momentos antes había sentido a quemarropa en pleno pecho había sido detenido por su chaleco antibalas. Sus compañeros, nerviosos aún por toda la situación, lo tranquilizaban mientras, a manera de celebración, le mostraban el chaleco con la bala incrustada en él. 

Con 11 años cumplidos de servicio en el cuerpo policial, Rodolfo fue recientemente galardonado por la Secretaría de Seguridad Pública con una Medalla al Valor Policial en la ceremonia de “Entrega de Reconocimientos y Estímulos a Policías de la SSP-CDMX”, siendo el mismo Secretario Raymundo Collins quien le entregara la presea. 

A un año de los hechos que lo hicieron acreedor a dicho reconocimiento, Rodolfo, aún los recuerda con mucha claridad. Comenta que esa noche al estar patrullando por el Barrio San Miguel de la delegación Iztacalco, él y su compañero notaron a dos personas sospechosas saliendo de un bar y abordando una camioneta en la esquina. Metros más adelante, algunos clientes del bar salieron a pedirles apoyo para atrapar a las personas que minutos antes los habían despojado de sus pertenencias. 

En ese momento se desata una persecución a gran velocidad, ya que los asaltantes estaban empeñados en escapar de la justicia. Después de unos minutos, que a Rodolfo y a su compañero les parecieron eternos, la camioneta finalmente chocó con el portón de una unidad habitacional. Rodolfo recuerda: “Me acerqué sigiloso a la puerta del copiloto diciéndoles que se bajaran, de repente la puerta se abrió, traté de razonar con el sujeto pero él respondió disparándome a quemarropa en el pecho”. Al sentir el impacto y actuando en legítima defensa, Rodolfo repele la agresión hiriendo al asaltante. 

Después de eso todo se volvió confuso para Rodolfo, comenta que se fue a resguardar detrás de la patrulla, consciente de que le habían disparado pero aún sin comprender la magnitud del impacto. Mientras sus compañeros lograban esposar a otro de los sospechosos, él solicitó apoyo médico y de compañeros. 

“Es que me dio, es que me dio, estoy seguro de que me dio”, esas palabras pronunciadas por Rodolfo aún resuenan en su cabeza y en la de sus compañeros, quienes vivieron momentos de angustia al pensar que pudieron haber perdido a su compañero. 

Una vez que la situación estuvo bajo control, el momento de angustia se convirtió en júbilo pues Rodolfo recuerda que sus compañeros, entre sonrisas, lo tranquilizaban mostrándole la bala detenida por su chaleco. Los servicios médicos trasladaron a Rodolfo para una revisión de rutina, y dos días más tarde estaba de vuelta a su unidad y con sus compañeros. 

“Al momento del impacto pensaba en mi familia, en mis hijos, mis padres, todo lo que cargas contigo” comentó Rodolfo haciendo un análisis de la situación que vivió, y agregó: “Esta experiencia me enseñó a valorar a la familia, pues no sabes si un día ya no vas a regresar, en este trabajo te expones mucho”.

Rodolfo compartió su sentir con respecto a la medalla que le fue entregada, comentó que es muy importante reconocer con premiaciones a los policías que hacen su trabajo de forma correcta y se arriesgan, aunque cataloguen mal a algunos, al final: “Los buenos somos más” concluyó. 


Marco Alexis Villegas Islas recuerda con nostalgia su infancia, recuerda las fotos que veía de su abuelo, quien fue policía y desgraciadamente murió en un enfrentamiento cuando Alexis era muy joven para siquiera comprender la situación. Pero de alguna manera, el recuerdo de su abuelo fue lo que lo impulsó a convertirse en policía: “Yo lo veía en fotos y siempre me dijeron que me parecía mucho a él”, dice. 

Alexis fue recientemente condecorado con una Medalla al Valor Policial en la ceremonia de “Entrega de Reconocimientos y Estímulos a Policías de la SSP-CDMX”, por aprehender a unos sujetos que minutos antes habían despojado de sus pertenencias a clientes de un bar.  

Los recuerdos de aquel día permanecen prácticamente intactos en la memoria de  Alexis, quien comenta que él y su compañero iban en un patrullaje de rutina en el Barrio San Miguel de la Delegación Iztacalco, cuando por medio de la radio les informaron que un negocio acababa de ser asaltado; acudieron al lugar y uno de los afectados les informó que los responsables huyeron a bordo de una camioneta negra, la cual inmediatamente identificaron e iniciaron la persecución. Aunque fue cuestión de algunos minutos, Alexis sintió que fueron horas, hasta que finalmente la camioneta se estrelló en el portón de una unidad habitacional y sólo así detuvo su marcha.  

Alexis y su compañero se bajaron de la patrulla, mientras le insistían a los sujetos de la camioneta que cesaran de sus acciones y que se entregaran, en ese momento notaron que el conductor de la camioneta portaba un arma de fuego y le disparó a uno de sus compañeros, quien de inmediato, actuó en legítima defensa y repelió la agresión; al ver esto, Alexis se apresuró a pedir apoyo médico y policial.

Finalmente lograron someter a otro de los sujetos, así que con la situación bajo control y su compañero impactado fuera de peligro, (la bala fue detenida por su chaleco antibalas), Alexis comienza a repasar en su cabeza todo lo sucedido:  “Tenía miedo pero a la vez mucha adrenalina, mi prioridad era cumplir, mi mente se bloqueó y sólo quería cumplir con mi deber”.  

Con apenas 1 año y 10 meses dentro del cuerpo policial y a sus cortos 23 años, ésta es la primera experiencia fuerte que le toca vivir, aunque Alexis toma las cosas con filosofía y ha decidido no dejarse dominar por el temor: “Con estas experiencias aprendes y se te quita el miedo, ya me siento más capaz y me empieza a gustar más salir a las calles”, comenta con seguridad en sus palabras. 

En cuanto a la medalla que le fue otorgada, menciona contento: “A mi edad es algo muy valioso haberla recibido porque habla mucho de mí, es un reconocimiento a mi labor y a mi persona”. 

Para finalizar, Alexis menciona que para él la palabra policía significa salvaguardar la integridad de las personas, un trabajo difícil pero muy satisfactorio: “Ser policía es difícil pero a la vez bonito, aunque dejas de ver mucho a la familia, aprendes mucho y tiene sus recompensas, como esta medalla”. Desde donde esté, sin duda su abuelo está orgulloso de él. 


“Mi objetivo era alcanzarlos y asegurarlos”, es lo que dice Christian tras recordar los hechos ocurridos hace poco más de un año, durante una persecución en auto tras ser asaltado un bar en el Barrio San Miguel de la delegación Iztacalco. 

A raíz de este enfrentamiento, Christian Miguel Ortega Garnica fue condecorado y le fue entregada una Medalla al Valor Policial en la más reciente ceremonia de “Entrega de Reconocimientos y Estímulos a Policías de la SSP-CDMX”, por su pronta respuesta ante una situación de robo a clientes de un bar. 

Christian narra así los hechos, él y su compañero se encontraban realizando recorridos de vigilancia en la delegación antes mencionada, cuando de pronto, observa cómo salen corriendo dos sujetos de un bar que se encontraba a escasos metros de ellos. Casi inmediatamente, alrededor de siete personas salen del mismo bar pidiéndoles auxilio e indicándoles que los acababan de asaltar.

Christian junto a su compañero inician la persecución en auto, pues para ese momento ya habían ubicado perfectamente la camioneta en la que los sujetos pretendían escapar. Recuerda que sintió que la persecución se tornaba muy larga y angustiosa: “Mi único objetivo era ese, alcanzarlos y asegurarlos” dice.

Finalmente la camioneta detiene su marcha al chocar en el portón de una unidad habitacional. Uno de los pasajeros desciende de la camioneta y acciona su arma contra un compañero de Christian, logrando herirlo en el pecho, la situación se tornaba cada vez más tensa. Sin embargo, la rápida reacción de todos los elementos policíacos puso fin a tan tensa situación. Momentos después, uno de los sujetos de la camioneta ya había caído abatido, mientras que lograron someter a uno más y tres más huyeron. 

Para fortuna de los uniformados, los servicios médicos llegaron rápido y pudieron comprobar que el policía herido no sufrió heridas graves gracias a su chaleco antibalas. 

“Después de que pasó la adrenalina, sí tuve miedo”, confiesa Christian, y agrega: “Pero en el momento sólo estaba enfocado en cumplir con mi deber”.  

Con 10 años cumplidos dentro de la Corporación, Christian tiene muy clara su misión: “Salvaguardar la integridad física de la ciudadanía, así como mantener la paz en la vía pública”. Una definición por demás clara y concisa. 

Christian recuerda que desde su niñez tuvo el sueño de portar el uniforme: “Siempre quise ser policía, desde niño me gustaba ver pasar a los policías y soñaba ser como ellos” y acerca del reconocimiento que le fue otorgado concluye: “Por eso el recibir esta medalla significa un gran orgullo para mí, el saber que me toman en cuenta por mis labores realizadas y eso me provoca mucha emoción”.