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Hombres y mujeres que fueron y siguen siendo parte fundamental de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México y que a través del tiempo han dejado su legado generación tras generación. A través de estas historias conocerás, y serás testigo de sus hazañas, sus miedos, metas y sueños cumplidos o por cumplir. Toda una dinastía portando el uniforme. Dinastía de sangre azul.

Camilo Santiago Oloarte Ingresó a las filas de la policía por el gusto y respeto al uniforme. Con 22 años de servicio, recuerda que entró a lo que anteriormente era el Instituto Técnico de Formación Policial (ITFP), hoy la Universidad de la Policía de la Ciudad de México.

 Camilo comenta: “Entré a esta distinguida institución el 1°de Septiembre de 1996 por la necesidad de un trabajo y terminar mis estudios de licenciatura. Además en ese tiempo había un grupo de policías conocido como T-2000, que me gustaba como se veían con su uniforme”.

 La Policía le ayudó mucho a Camilo para su superación personal, apoyándolo para que terminara la titulación de su carrera que estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México. Se siente orgulloso de pertenecer a la Policía de la Ciudad de México,  le agradece a la institución las satisfacciones vividas, logros concretados; hacer de él  una mejor persona, pero sobre todo un mejor policía y excelente ser humano.

A través de cursos y sus actualizaciones continuas, la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, prepara a sus elementos de la mejor manera para dar un servicio de calidad a la ciudadanía. “Ya los Policías están mejor preparados, son más profesionales en sus labores diarias. Tan sólo en la Policía Montada, somos cada vez más elementos con licenciaturas terminadas mejorando sustancialmente su calidad de vida”.Refiere Camilo con cierto orgullo.

 Camilo tiene dos hermanos que trabajan como policías, uno en la preventiva, otro en la Policía Bancaria e Industrial de la Ciudad de México, tiene un primo trabajando como instructor en la Universidad de Policía de la Ciudad de México. Y su hermana labora en la Policía Municipal de Nezahualcóyotl, Estado de México.

Santiago Resalta: “El querer pertenecer a los cuerpos policiales en mi familia es por el gusto y amor a la camiseta”.  Agradece a la Secretaría de Seguridad Pública por terminar satisfactoriamente sus estudios y aplicar en el área administrativa los conocimientos adquiridos en Universidad.

 “El laborar en este Agrupamiento te genera grandes satisfacciones, pero también es muy susceptible a tener algún tipo de incidentes”. Refiere Santiago. Un claro ejemplo fue lo que pasó en el año  2016, cuando se cayó del caballo y se fracturó la 10ª costilla, en la que se lesionó también la columna. Debido a esto se le generaron 2 hernias y un tumor, situación que lo mantuvo incapacitado por un mes.

 Con un gesto de melancolía recuerda: “Sólo me queda en la memoria de las caminatas a caballo sobre las veredas de los bosques y parques donde era asignado.” “Como persona es un privilegio formar parte de esta gran familia, La Policía, y en especial al Agrupamiento a Caballo”.Concluye Camilo con cierta melancolía. 






Carlomagno Campos Rosas, ingresó a la Academia de Policía cuando tenía 20 años de edad, en 1989. En abril del próximo año cumplirá 30 años de servicio, con estudios de bachillerato, es padre de 4 hijos, quienes se sienten orgullosos de que su padre forma parte de gente preparada y capacitada dentro de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México,  para servir a la ciudadanía.

“Uno ingresa con enjundia, con muchas ganas de trabajar, el ser joven y la necesidad de tener un trabajo estable, te motiva a ser alguien en la vida”. Recordó Carlomagno con cierta añoranza.

Campos Rosas es y ha sido una persona trabajadora y responsable; cuando sale a los servicios que le asignan, la prioridad es salir sin ningún contratiempo. La dedicación y empeño  en todo lo que hace,  lo identifica con sus jefes como un buen elemento.

Con 29 años de servicio y a poco tiempo de terminar su carrera policial en la institución, Campos disfruta al máximo los últimos meses que le quedan de servicio como personal operativo en la Policía. “El montar a caballo es una de las maravillas del mundo para mí, los movimientos que realiza el animal hace que mi cuerpo se relaje y disfrute las cabalgatas dentro de los servicios que me son asignados”. Refiere Carlomagno  con gusto.

Es el encargado de un destacamento, en el cual tiene a su cargo la alimentación, manutención y cuidado de los semovientes, así como la limpieza de su zona de resguardo, actividad que realiza con gusto, eficiencia y profesionalismo.

“Recuerdo  una cabalgata que se realizó hace 27 años en el  Ajusco, ya que en la zona se vió afectada por el incremento de robo a mano armada y secuestros exprés. Motivo por el cual participó la mayoría del personal del Agrupamiento a Caballo. Fueron dos días y sus noches,  teníamos que estar montados casi las 48 horas y dando recorridos por toda la zona. Aun lo tengo presente, hacía mucho frío, pero íbamos bien preparados con chamarra y guantes para podernos cubrir de las inclemencias del clima, y claro muy al pendiente y cuidado de nuestros   caballos”. Refiere Carlomagno con cierta alegría y añoranza.

Carlomagno tiene familiares dentro de la institución, un hermano y un cuñado, el primero  se llama Norberto, se jubiló después de 22 años de servicio. Inicialmente ingresó a un sector y posteriormente se cambió a la “Policía Montada” hasta el día de su retiro hace 2 años en el 2016. Es Padre de 2 hijos que ya son independientes, quienes son felices debido a que su papá ya se encuentra en casa descansando  y así disfrutar de su presencia.

Por otro lado su cuñado Alfredo, tiene 46 años de edad, de igual manera tenía 20 años de edad cuando entró a la policía y desde que causó alta en la Institución siempre ha pertenecido  a la Policía Montada, hasta la fecha ya con 26 años de servicio.

Por otra parte y como siempre sale a relucir la importancia de estar juntos en familia. Su cuñado tiene 3 hijas quienes son las más felices, debido al poco tiempo que le falta a su padre para que se jubile y por lo consiguiente aprovechar y convivir más tiempo ya sin la preocupación de que corra peligro su vida cada vez que se va al trabajo.

“Todavía me faltan 5 meses para jubilarme y ya extraño mi trabajo, las labores que desempeño hoy, las realizo con mucha más dedicación y melancolía, tal como lo hice desde el principio de mi carrera policial, pensando que dentro de muy poco tiempo, ya no podré hacerlo nunca más. Me quedo sólo con los recuerdos de haber pertenecido a una gran Institución Policial,  la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, en especial al Agrupamiento A Caballo”. Concluye Carlomagno Campos Rosas, con un  gesto de nostalgia.



       

Con 34 años de edad y 13 de experiencia policial, Sánchez Benítez Miguel Ángel no puede evitar emocionarse al hablar de su padre, policía con más de 25 años de servicio y quien se jubiló a los 60 años de edad. 

Comenta orgulloso Miguel, que su padre Miguel Ángel Sánchez Alcorchas trabajó sus primeros 7 años dentro de la Policía Montada en el área de Herrería y forjas, para posteriormente concluir su vida laboral en el área de Macheros (mantenimiento y alimentación de equinos).

Miguel Ángel comenta que su papá fue el ejemplo y la motivación para entrar a la policía, recuerda: “Parece que fue ayer cuando acompañaba a mi padre a su trabajo, fue ahí donde nació la satisfacción por laborar con los equinos.” Gusto que también se transmitió a su hermana Mónica, quien en 2017 entró a la Policía Auxiliar. 

Sus padres nunca se opusieron a su decisión de ser policía, al contrario, lo motivaron diciéndole que era buena decisión, porque era un buen trabajo, honrado y estable. Miguel Ángel refiere que sus hijas están felices y orgullosas de su labor, aunque no dejan de estar preocupadas por el riesgo que éste implica. 

Recuerda que durante el tiempo que lleva de servicio, ha estado en lugares peligrosos, entre ellos, el llamado “Punto carretero”, dentro del perímetro de la Alcaldía de Cuajimalpa. Un punto muy vulnerable y de riesgo, lo cual lo obliga a mantenerse siempre alerta, refiere Miguel.

Su meta principal es ser un mando que entienda las necesidades reales del policía y así sentirse orgulloso de pertenecer a la Policía Montada. 

Relata Miguel con un gesto de tristeza, el momento de su accidente. Se encontraba de servicio en el área de Doma, lugar donde se adiestran los caballos para que puedan salir a servicio: “Lo recuerdo muy bien, el caballo llamado “Colorado” estaba inquieto, se movía demasiado, se espantó, por lo que reparó (brincó) y salí disparado dando media vuelta en el aire, al caer me lesioné el coxis y la columna, estuve 6 meses incapacitado con riesgo de quedar inválido”. Sin embargo, la necesidad y el gusto por el uniforme lo impulsaron a ponerse de pie. 

“Es un orgullo ser policía, pero ser parte de la Policía Montada es una experiencia única, el proteger a la ciudadanía como policía es básico, pero al hacerlo desde arriba de un caballo, es total”, finaliza Miguel.

No hay distinción más grande para un padre que su hija siga sus pasos. Y si hablamos de tres hijas, el honor se multiplica. Pues Melitón González Garrido, a sus 47 años de edad puede presumir de poseer dicho honor, ya que sus hijas pertenecen al cuerpo policial, al igual que él, quien lo ha hecho desde hace 25 años. 

Es originario de Zacatlán, Puebla, aunque vivió su infancia y parte de su juventud en Poza Rica, Veracruz, dedicándose al campo. Recuerda que el ver enferma a su mamá y enterarse que ella necesitaba dos operaciones de hernia, fue el detonante decisivo para salir a buscar trabajo en la Ciudad de México.

Rememora que llegó a la ciudad a los 21 años, y uno de sus cuñados le dijo que se metiera a la policía dentro de la Secretaría de Seguridad Pública, porque era muy buen trabajo. “Mi cuñado trabajaba en la Policía Auxiliar del Estado de México y yo entré a la Policía Auxiliar de la CDMX” recuerda Melitón.  

Melitón se siente sumamente orgulloso de que sus tres hijas hayan decidido seguir su ejemplo y continuar con el legado de su padre: “Gracias a ese ejemplo, la menor entró al Cuerpo de Granaderos, la segunda a la Policía Auxiliar, y la tercera se encuentra en la Academia de Policía a punto de graduarse, mis niñas son mi vida, mi orgullo, mi todo”, dice Melitón, con una emoción desbordada al hablar sobre ellas. 

Melitón González Garrido tiene 25 años dentro de la policía, y con esa experiencia “le hace frente a lo que sea”, dice. Inició su vida de policía en 1993, en el sector 65 Bisonte de la Policía Auxiliar, a la edad de 21 años. 

Gracias a su ingreso al cuerpo policial pudo solventar los gastos para las operaciones que su madre requería, y hoy, su mamá no puede sentirse más orgullosa de su hijo. 

Con un gesto de satisfacción en el rostro, Melitón no duda en expresar su agradecimiento a la Corporación: “La policía de la Ciudad de México me ha dado la oportunidad de darles estudio a mis tres hijas hasta el nivel preparatoria, no se pudo más porque ellas no quisieron seguir”, y continúa: “Me ha dado una forma digna para vivir, me ha dado todo lo que soy, la policía para mí es sagrada y estoy sumamente agradecido con la Institución”.

Mi nombre es Inspector Iván Narváez Huerta, tengo 29 años y cinco meses de servicio a la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México me siento satisfecho por todo lo que he logrado.

Al inicio ingresé a esta corporación por necesidad, pero conforme pasó el tiempo fui tomando cariño y poniéndome la camiseta, ya que todos los servicios que se brindan se hacen en beneficio de la ciudadanía.

Mi esposa es un  pilar en este crecimiento y mis tres hijos quienes siguieron mis pasos, dos de ellos laboran en la Policía Bancaria e Industrial  (PBI) y una más en la Policía Auxiliar.

Mis hijos, desde pequeños me observaron portar el uniforme y sentían un orgullo de que fuera policía y ayudará a las personas en lo que necesitarán, por eso siempre les demostré los buenos valores que deben regir la vida de una buena persona.

La policía me deja grandes satisfacciones y orgullo, además de un apoyo para mi profesionalización, ya que estudió la Licenciatura en Administración a mis 50 años; no hay edad para lograr lo que se quiere.

El sacrificio que se tiene con la familia, es el poco tiempo para vernos, pero cuando se tiene la oportunidad disfrutamos al máximo de la familia.



Para la Inspectora Ramos su vida profesional comenzó a los treinta años, con tres hijos, cuando se separó de su marido y pudo, por primera vez, escuchar su vocación de policía.  Entonces decidió entrar a la policía, lo que no le permitió su marido.  Hoy asegura: “Gracias a mi profesión he sacado adelante a mis tres hijos”.

Tiene trece años en la Policía, en los cuales no ha sufrido discriminación por ser mujer. Llegó a ser Inspectora después de estar con el Grupo Comando.  Ella dice que nunca tuvo problemas con los horarios porque sus hijos la ayudaban.

Hoy los dos mayores son, también policías. Y Marisol espera que lleguen mucho más arriba en el escalafón que ella.

Y ella está muy orgullosa de esto.  Desde pequeña veía a su padre policía, le impresionaba  uniforme, escucharlo hablar de los operativos.  De él aprendió mucho profesionalmente, y en la vida familiar a utilizar muy bien el tiempo libre para estar con sus hijos, como él hacía.

         


Es jovencísima pero no frágil, menos en su uniforme negro, operativo, incluyendo chaleco antibalas.  Tiene 21 años cumplidos.

Dice que “el miedo se hizo para las personas débiles, por eso yo no siento miedo”.  Sin embargo, cuando se enfrenta, en operativos, a delincuentes su principal problema es que los hombres piensan que “porque soy mujer no voy a responder”.  Y no es así, la oficial Rodríguez Martínez conoce muy bien los protocolos al respecto.

“Creen que si te agreden te van a vencer, no es así, yo sé usar fuerza física… me han pegado también” asegura.  Lleva la boca pintada de un color fuerte, como expresión de su feminidad.  Tal vez la única concesión.

Afirma ser un orgullo para su familia, y sobre todo para su padre que es, según Miriam: “el amor de mi vida”.   Por su padre, policía, le llamó la atención la profesión, aunque acepta que era muy duro no verlo, que se la “pasara fuera todo el tiempo”… Incluso parecía que los tenía al margen, dice, pero con el tiempo fue entendiendo el trabajo de policía y quiso emularlo.

Su hermano, un año mayor, también es policía.

Afirma que siendo policía “mi papá nos sacó adelante, vivíamos muy humilde”. También asegura que lo que más le gusta es como se caracteriza un policía, distinto de los normales y los civiles. Me platica que los policías: “Tenemos diferentes cualidades al ponernos el uniforme”.

Ella eligió el operativo porque quiere conocer, aprender diferentes temas cada día.  Quiere seguir, estudiar, crecer dentro de la Policía de la Ciudad de México porque, hace hincapié: “Nunca voy a dejar de ser policía”.




Martínez es el director de la Policía Cibernética. Es, también, psicólogo criminal y tiene estudios en Estados Unidos sobre “Crímenes contra Menores”. 

“Soy orgullosamente policía” afirma Martínez. En su familia todos son policías. Su abuelo, su padre, sus hermanos. Faltaba él. Su vocación fue un poco tardía. Ya estaba casado con una Arquitecta que entendió su cambió de vida con inmensa solidaridad, para ella, los dos se convirtieron en policías”.

Su pasión es la Tecnología. Tanto que se lleva las tareas a casa. 

Es muy joven. Tiene 32 años. Antes de entrar a la Policía, hace cinco años, trabajó para la Iniciativa Privada. 

Su padre se jubiló después de 40 años de servicio en la Policía… dice: “Yo era el único que faltaba en la familia. Al sentarse a comer toda la familia, obvio, todo lo que platicaban eran temas de policías”. 

Edgar comenzó como analista en 2013, se integró a la Policía Cibernética, y ha ido entendiendo los graves peligros de las redes sociales, así como la necesidad de salvaguardar vida e integridad de nuestros niños.

Su esposa es su pilar, su mejor motivación “ella ha estado conmigo en todo momento”. Sus pocos tiempos libres los dedica a temas de Tecnología, el mundo de la Policía Cibernética dice, es su cuna.

Martínez afirma que va a ser policía toda su vida. “Para ser policía se requiere carácter, nos falta gente con compromiso, yo lo tengo, mi papá fue un gran ejemplo”.


El “Jefe Marte” es conocido por su rudeza contra los delincuentes.  Ha salido herido varias veces, golpeado muchas e, incluso, ha sobrevivido a perros “pitbull” que han utilizado en su contra.

Es Subsecretario de la Zona Norte.

Bautista es un jefe asombrosamente joven, que ha pasado casi toda su vida adulta en la Policía de la Ciudad de México.

“Mi papá fue policía operativo muchos años” dice Bautista, agregando que su padre sigue siendo policía detrás de un escritorio ya por la edad.  Tal vez por eso, lo normal en su niñez era que jugase “a ser policía”.

Sin embargo, para serlo tuvo que vencer la oposición paterna.  Terminar primero la Preparatoria para decirle a su padre que iba a ser policía.  A partir del día 16 de octubre de 1998, en que entró a la Policía, en lo más bajo del escalafón, su padre lo obligó a levantarse a las 4 de la mañana porque “para ser policía hay que ser el mejor”.

Bautista comenzó de policía raso, cuidó bancos, patrulló…formó parte de un grupo especial que se conoce como “Los Relámpagos”, y en sólo dos años fue nombrado Comandante del Destacamento Centro, el más joven en la historia.  Ahí desalojó comerciantes ambulantes y, obviamente, fue denunciado por “abuso de autoridad” sin que pudiesen probarlo.

Luego fue Jefe de Sector en Benito Juárez, donde asegura que “todo cambia con ese mando, hay que batallar con muchos delitos, tenía muchos robos de vehículos…”  Y se pone a trabajar, porque, afirma “yo no dejo nada al Ahí se Va”, hasta que logró meter orden.  Lo más difícil, al principio, fueron sus propios compañeros, tenía 200 policías bajo su mando.  “Todos eran mayores… pero terminaron por darse cuenta de que traigo bien puesta la camiseta”.  Ahí agarró dos bandas de robo a vehículos y comenzó a remitir delincuentes.

Luego vino el Sector Narvarte, ahí trabajo con policías “chavillos” durante 4 años.  Luego se fue a el Sector Narvarte.

Para Bautista su trabajo consiste en proteger ciudadanos, y para eso hay que bajar la incidencia de delitos.  Así pasó a la Delegación Cuauhtémoc con una política de “Cero Tolerancia”.  Otra vez a darse con todo al quitar a los ambulantes de las vías públicas.

Para este momento de su impresionante carrera, Edgar tenía 31 años, era el jefe más joven en su nivel.  En la Cuauhtémoc tenía bajo su mando a Tepito, Guerrero, la Doctores, las zonas del Barrio Fuerte… 

Después sería Director General de la Policía Auxiliar, de 2015 a 2017.  Dónde, dice, tiene el orgullo “de haber mejorado todo”.

Asegura Bautista que cuando sus jefes le dan una instrucción “la empiezo a cumplir en ese momento”. 

Lleva 20 años como policía. Ahora es el Subsecretario de la Zona Norte de la Ciudad.  “No es ningún juego, es una gran responsabilidad” dice.

Para Bautista, a sus  37 años, más de la mitad trabajando 24 horas del día, lo más difícil de ser policía es que “la familia lo comprenda, que entiendan los horarios… no estar cuando quieren, con todo derecho, que uno esté presente, con ellos”.

Y, obvio, su miedo más grande es “que la familia quede desamparada, no hay miedo a la muerte, a que me maten, sino a que ellos queden solos, desamparados…”

En estos 20 años de policía Edgar Bautista estudió Administración de Empresas porque su padre se lo exigió, porque le insistió en que todo en la vida debe administrarse, en que debía tener una carrera universitaria.

Su gran deseo, lo que más lo obsesiona ahora, es que sus jefes y la sociedad entiendan, que volteen a ver a los policías que como él “se la rifan en la calle deteniendo delincuentes”.

No cuenta las veces que lo han balaceado, sí recuerda que le han roto la nariz, golpeado, fracturado un pie… pero insiste “yo lo que hago es detener a delincuentes” y dice que no va a dejar de ser operativo nunca…


Llevó 17 años en la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México y tengo 50 años de edad.

El amor hacia mi trabajo comienzo desde que era pequeña y veía a mi papá todos los días irse a trabajar como elemento de la PBI (Policía Bancaria e Industrial).

Deje los estudios y en ese momento decidí entrar a la policía, con todo el apoyo de mi padre, ya que sabía que era un trabajo noble, esto fue cuando tenía 17 años, el ingresar a la PA fue por dos razones; una de ellas por mi padre y la segunda por necesidad de sacar adelante a mis tres hijas.

El que mis hijas sean alguien en la vida y sacarlas adelante es mi mayor satisfacción.

Recuerdo que en una ocasión, iba a un apoyo de al parecer una violación en Iztapalapa, en ese momento se atravesó una combi, dos días después despierte con los tendones de mi brazo izquierdo destrozados, pero aquí sigo con mi labor policial.

Me siento orgullosa de mis hijas a pesar de las dificultades, ellas no tuvieron carencia y dentro del poco tiempo que les brindaba les inculque grandes valores.

Mi hija que es Policía ingresó por ser madre soltera pero al paso del tiempo demostró grandes actitudes para portar el uniforme y demostró que una mujer puede salir adelante al igual que un hombre.

Somos una familia de policías estamos orgullosos de ello y queremos demostrar que a pesar de ser policías somos personas, pero con una gran responsabilidad la cual es garantizar la seguridad de la ciudadanía.

Las historias que nos contaba mi papá Ismael Pérez nos hizo sentir orgullo y nos alentó a seguir sus pasos; “me siento incompleto si no soy policía".

He tenido grandes experiencia dentro de la corporación tanto de detener a un narcomenudista como orientar a personas perdidas.

Tengo 37 años, decidí ingresar a la corporación porque mi padre me dio un gran ejemplo de lo que es ser policía, lo cual desde pequeño me causo admiración por él, ya que siempre demostró tener devoción a la policía, pero nunca dejó a un lado su familia.

Al cumplir 18 años entre a la SSP-CDMX, pensé estar sólo dos años, pero decidí quedarme porque le agarré amor al trabajo. La primera vez que tuve un acercamiento con la gente, como parte de mi labor, fue en calles de la colonia Centro.

Ahí fue cuando descubrí que me gusta ayudar a la gente, estar en los momentos difíciles y apoyar a la ciudadanía.

Este trabajo se volvió parte de mi vida, me ha hecho crecer como persona y como policía.

Tengo tres hijos que admiran, mi hijo mayor de 13 años, quiere ser policía igual que yo.

En ocasiones puede ser muy difícil ser policía porque casi no ves a tu familia, incluso en los momentos más especiales.

Algo que me quedó marcado durante mis 19 años de servicio, fue una ocasión en la que atropellaron a un señor en Circunvalación, escuche el rechinido del coche y tratamos de auxiliarlo, cuando de momento llegó una señora acompañada de una niña, quien le gritaba “¡abuelito!”, al escuchar eso, me conmoví demasiado, ya que a mi mente llegó la imagen de mi familia.

Mi objetivo es ayudar a cada una de las personas que lo necesite, estoy orgulloso de ser Policía Auxiliar, en esta corporación puedes crecer.

En el aeropuerto soy jefe de área, junto con mi equipo de trabajo hacemos todo lo que está en nuestras manos para apoyar a la ciudadanía.

Un día, mi esposa se acercó a mi mientras lloraba, me pidió que dejara de trabajar, a lo que yo respondí y le dije que no podía dejarlo porque es parte de mi vida, es lo mejor que puedo hacer.

La policía ha cambiado, puesto que somos más profesionales y también mejores ciudadanos, ya que tenemos los mismos derechos. Confíen en nosotros.


El “Jefe Apolo” es actualmente Subsecretario de Control de Tránsito.

Su padre fue policía, se retiró a los 36 años de servicio.  Sus hermanos fueron policías.  Sus dos hijos son policías. Una de sus hijas, abogada, trabaja en la SSP de la Ciudad de México.  La otra, contadora, en la Bolsa de Valores.

La historia de un policía que no se arrepiente de serlo, comienza con el uniforme de su padre, frente a los éxitos de sus hermanos mayores también policías.  Luis tiene 43 años de haber entrado a la Policía de la Ciudad de México, ha pasado por todas las áreas, ha conocido el mando de 19 secretarios. Ha viajado a España, a Londres, a Estados Unidos, a Singapur, a Francia para recibir cursos especializados.

Ahora quiere enseñar a los jóvenes.  Recuerda que cuándo comenzó los viejos policías se decían entre ellos: “… que se friegue 20 años”, y no los dejaban ascender.  “No podíamos avanzar” asegura.  Por eso ahora pretende “soltar todo lo que sé, enseñar a los jóvenes”.

Rosales Gamboa vive en la misma casa, en la Unidad San Juan de Aragón, heredada por su padre, donde ha vivido desde que comenzó en la Policía.  Le enorgullece “haber sacado adelante a mi familia con mi sueldo”.  

Cree en la perseverancia.  Y también en nunca decir “No”.  Trabajo y perseverancia caracterizan sus 43 años en la Policía, “se sobresale con esfuerzo y trabajo, con perseverancia”.  Está convencido de que las situaciones adversas “fortalecen”, acepta haber vivido situaciones amargas que no le han dejado huella.

No lo cuenta, pero ha recibido muchos reconocimientos, entre ellos una condecoración “Al Valor y Lealtad en Acciones de Alto Riesgo” en 1999.

“Estar en la Policía te quita muchas cosas” dice.  Tiempo, sobre todo, tiempo para la familia, para los hijos.  Por eso Luis Rosales le agradece a su esposa, con la que ha estado casado 47 años, su paciencia.  Y dice haber ofrecido disculpas a sus hijos por sus horarios porque “ser policía es un trabajo de 24 horas, para eso necesitas tener mucha convicción”.

Pese a su vocación de enseñar a las nuevas generaciones de policías, asegura no ser protector, obligarlos a luchar, a trabajar.  Afirma dejar escuela: “A los mandos actuales los agarré de pollitos”.

Pese al agradecimiento con su esposa, ha dejado que la metan al corralón porque no quiere aprovecharse de su puesto.  No exige dinero a sus subordinados, ninguna cuota, pero tampoco permite abusos.  Por eso dice que va a pasar a la historia de la Policía demostrando que se puede vivir sin “charolear”.

Debió retirarse hace tiempo, pero lo hará cuando, físicamente, no le quede otra opción, mientras tanto va a escribir un libro sobre la Policía, sobre lo que sí funciona porque “no hay trajes a medida” …